Ejemplos ?
En todo el tiempo que ha durado mi silencio, no he cesado de mirar y juzgar la conducta que has observado con mis rivales; entre el gran número de hombres orgullosos que se han mostrado adictos a ti, no hay uno que no hayas rechazado con tus desdenes, y quiero explicarte la causa de este tu desprecio para con ellos.
Y puesto que la repugnancia y los desdenes en los principios de los amores suelen hacer desistir de la empresa a los enamorados, en Arnesto obraron lo contrario los muchos y conocidos desdendes que le dio Isabela, porque con su celo ardía, y con su honestidad se abrasaba.
Mas ella, que tenía puestos los ojos en Cornelio, el hijo de Ascanio Rótulo, que tú bien conoces (mancebo galán, atildado, de blandas manos y rizos cabellos, de voz meliflua y de amorosas palabras, y, finalmente, todo hecho de ámbar y de alfeñique, guarnecido de telas y adornado de brocados), no quiso ponerlos en mi rostro, no tan delicado como el de Cornelio, ni quiso agradecer siquiera mis muchos y continuos servicios, pagando mi voluntad con desdeñarme y aborrecerme; y a tanto llegó el estremo de amarla, que tomara por partido dichoso que me acabara a pura fuerza de desdenes y desagradecimientos, con que no diera descubiertos, aunque honestos, favores a Cornelio.
Y agora, señora, como estás mala, te han guardado respecto; pero si sanas y convaleces en su poder, Dios lo podrá remediar, porque en verdad que si a mí no me hubieran guardado mis repulsas, desdenes y enterezas, ya hubieran dado conmigo y con mi honra al traste; porque no es todo oro lo que en ellos reluce: uno dicen y otro piensan; pero hanlo habido conmigo, que soy taimada y sé dó me aprieta el zapato; y sobre todo soy bien nacida, que soy de los Cribelos de Milán, y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes.
A don Lope Felix del Carpio, soldado en la Armada de su Majestad Yo, aquel que en los pasados tiempos canté las selvas y los prados, éstos vestidos de árboles mayores y aquéllas de ganados y de flores, las armas y las leyes, que conservan los reinos y los reyes; agora, en instrumento menos grave, canto de amor suave las iras y desdenes, los males y los bienes, no del todo olvidado el fiero taratántara, templado con el silbo del pífaro sonoro.
Joseíto, que, como acabamos de decir, tenía la modestia de creer a pies juntillos lo que los espejos mejor azogados le decían, había tenido buen cuidado de hurtar el corazón a todo serio escarceo amoroso por temor a no ser debidamente correspondido, y vista habíale dado va a la edad anatematizada por el poeta sin sufrir quebrantos de mayor cuantía en sus amorosas andanzas, y arribar esperaba a la en que la sangre aminora sus hervores sin tener que llorar los desdenes de hembra alguna, cuando quiso su mala o buena suerte que se tropezase un día manos a boca con la Niña de Porcelana, al ver a la cual púsose intensamente pálido, y...
La muy marrullera concertaba con don Alonso el medio de tender una red a la virtud de la orgullosa dama, que «donde no valen cuñas aprovechan uñas», y no era el de Leyva hombre de soportar desdenes.
“Juntos así nos criamos, y Amor en nuestras niñeces hirió nuestros corazones con arpones diferentes. “Labró el oro en mis entrañas dulces lazos, tiernas redes, mientras el plomo en las suyas libertades y desdenes.
Él el pudor nos trajo, él sus fatales leyes a Amor impuso, y él los bienes más dulces transformó en acerbos males. De mi dulce enemiga los desdenes el acaso los causa, y hace en llanto mis ojos dos raudales ¡ay!
Siem- pre que leo versos de vale enamoradizo, qué echa á. los cuatro vientos los desdenes ó las sonrisas de una dulcinea, me digo: —¿Y á mí qué me cuenta usted?
¡Oh fementido Marco Antonio! ¿Cómo es posible que en las dulces palabras que me decías viniese mezclada la hiel de tus descortesías y desdenes?
¡Son, por Dios, crudos azares que me dén vuestros desdenes ciento a ciento los pesares, pudiendo darme a millares, sin los pesares, los bienes!