Ejemplos ?
Cuanto una mujer delicada y casta puede sufrir con la intervención médica; las humillaciones, las miserias de una esposa enferma; las dudas que surgen en su espíritu cuando se cree burlada en la más santa de sus aspiraciones; el temor, sugerido por un corazón que adivina, de que su compañero ha de ver en ella un sér inútil, despreciable, repugnante; los alarmas de la conciencia al pensar en la disipación del esposo; el ver al único hijo, enfermo, en manos mercenarias y extrañas; el forzado abandono de los deberes domésticos; todas estas penas, complexas, tenaces, realzadas por una sensibilidad exquisita, las sufrió Ester, sola, aislada, allá en los profundos de su alma, durante siete años.
Después de conceder al conde del Buitre el cargo de primer ministro permitiéndole desempeñarlo por espacio de veinticuatro horas, lo ha encerrado en una jaula, colgándole al cuello la carta en que el conde se ofrece a entregar a traición el reino de Colmania, y así enjaulado lo pasean por Colmania, y en cada aldea los chicos le arrojan lodo y piedras y le silban e insultan. Al rey de Malaterra no le agradan los traidores, aunque se valga de ellos como de un despreciable instrumento.
Para mí lo que se llama percibir la realidad quiere decir no percibir toda la realidad, ver apenas una parte de ella, la despreciable, la nula, la que no me importa.
Si por nuestra parte no queremos dejar de reconocer el valor nada despreciable de estas objeciones, habremos, sin embargo, de confesar que las cualidades de la vida onírica examinadas hasta ahora y derivadas del apartamiento del mundo exterior no explican por completo la singularidad de la misma, pues en este caso habría de ser posible resolver el problema de la interpretación onírica, transformando de nuevo las alucinaciones del sueño en representaciones y sus situaciones en pensamientos.
Llaman la realidad todo lo mediocre, todo lo trivial, todo lo insignificante, todo lo despreciable; un hombre práctico es el que poniendo una inteligencia escasa al servicio de pasiones mediocres, se constituye una renta vitalicia de impresiones que no valen la pena de sentirlas.
Y a eso quisiera yo agregar entonces para fundamentar y coincidir con esa argumentación, quisiera agregar algunas experiencias concretas de otro sector importante de trabajadores, diferente al de los nucleares, y que es el sector, nada despreciable por su número de los trabajadores de la educación, que a la fecha suman 6 o 700 mil.
Según la memoria del virrey Avilés, en los doce años corridos desde 1790 á 1802, en que se hizo cargo del gobierno, se importaron en el Perú 65,747 negros africanos, que al precio mínimo do 300 pesos por cabeza, hacen la no despreciable suma de 19,724,000 pesos.
La verdad de las cosas es que a mi, como padre de familia y como mexicano, me preocupa que una parte, nada despreciable de la programación televisiva, se dedique a reproducir cuestiones que tienen que ver con la violencia.
Ser humano, es arrostrar valerosamente los hechos más arduos y difíciles sin temer a los posibles resultados, hasta vencer y logrado el triunfo, desplegar el deseo infinito de ayudar a nuestros semejantes, en parecidas situaciones, y de tal manera evitar el erguimiento altivo, fatuo y despreciable de aquéllos que al verse en la cúspide se envanecen con su vacua gloria y encerrándose en sus palacios de vanidades, niegan a quienes los rodean la compresión necesaria, la palabra de aliento, la sonrisa de estímulo o la caricia de aprobación y se transforman en los explotadores humillantes, bestias humanas, subanimales.
no perdonará cuanto considere útil a tan interesante servicio y que, usando de todos los resortes que le dicté, la prudencia haga entender a todos esos vecinos los crueles males que les amenazan si por algún evento llegan a dominarlos los portugueses en cuyo caso es preferible la muerte a la despreciable dominación de tan odiosos enemigos .” También desde principios de agosto Rondeau lo mismo que Artigas...
Desde entonces mis relaciones con el mercader fueron odiosas. Él me consideraba un esclavo despreciable; yo un hombre a quien mi venganza algún día haría rechinar los dientes.
Esa es la estructura que le hemos dado y querido dar a nuestra política monetaria, porque no queremos hacerle el juego a la parte más despreciable de la sociedad, aquellos que se enriquecen con la especulación y con el fracaso de los demás.