Ejemplos ?
A poco entran dos mujeres muy rebozadas y anhelantes, con un vaho de humedad en los mantos. Al vernos, una de ellas retrocede hasta la puerta mostrando disgusto.
Hay que buscar causas para la formación de las ideas de Independencia y la Historia Clásica recurre entonces al pasado colonial para buscar indicios demostrativos de que el estado de las colonias era de disgusto y que no bastaba una reforma de régimen sino que era necesaria la separación.
Quiéroos con sinceridad; si me queréis con nobleza, pienso que tanta largueza desfigura la verdad. Derramar vuestro tesoro por obsequiarme no es justo: iréme, y con gran disgusto si dais en prodigar oro.
Cuentan que cuando los quesos conquistadores llegaron a nuestra tierra, descubrieron con disgusto la noticia de que no conocíamos el pan y por tanto, ellos no podían comer su pan con queso.
Desenvolvió diligente los en cajas y redomas empaquetados aromas exquisitos del Oriente. Y don Luis, que aunque disgusto y enojo además presume, tan delicioso perfume no pudo aspirar adusto.
-Para ellos, el eterno pavimento de brasas del infierno -murmuró Azerbaijan con disgusto, pues una multitud de túnicas amarillentas llenaba la calle de tierra.
TOTLI, uno de ellos, que tenía la forma de un gavilán, comenzó a estar a disgusto con esa vida sin propósitos y al pensar que habían sido arrojados del cielo, quiso exigir a su abuela, TONACACIHUATL, los derechos que le correspondían como nietos de los grandes creadores, mas como nada lograba, cambió de opinión, y decidiendo permanecer en la Tierra, pidió de su abuela el poder de crear nuevos hombres y el de saber cómo educarlos.
Sentía en su corazón un disgusto tan profundo, sobre todo por la pérdida de sus dos hijos, que llegaba en su dolor hasta acusar a Dios.
Quedó en silencio el señor Paco, y tras algunos instantes de vacilación, volvió la espalda y alejóse lentamente del Clavicordio, el cual murmuró, no sin hacer previamente una mueca de disgusto: -¡Cámara, y qué engurruñao que tiéen a veces el corazón jasta los que la pintan de tan garboso corno la pinta el maestro Trebujena!
—Entonces, "mon ami", tienes que vencer, por amor a tu Eugenia, ese ligero defecto que acabas de confesar, esa debilidad más moral que física, que no calza con la nobleza de tu espíritu, que es incompatible con la sinceridad de tu carácter, y que si alcanzara mayor incremento, tarde o temprano podría causarte un serio disgusto.
Tal vez sueñan que las cámaras televisoras los enfocan como en los partidos comercializados. Sus gritos impacientes de goles, ora de alegría, ora de disgusto, rompen sin ecos la monotonía del atardecer invernal.
Le servía trozos de carne, leche con huevo, vitaminas y por supuesto, las mejores causas de su conquista, los más variados y suculentos pastelillos importados de Francia... Cierta vez tuvo un serio disgusto con uno de sus criados que olvidó darle su acostumbrada alimentación...