duende

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  • sustantivo

Sinónimos para duende

trasgo

Sinónimos

Ejemplos ?
-¿Y de pelo qui'hacemos? -le repuse-. ¡Porque la gracia es que volemos bien altísimo!... Bajito como los duendes... ¡pa qué! -¡Eso sí qu'es lo pilao!
Por fortuna, el Libertador era hombre de no asustarse con duendes ni musarañas, y fue tan sagaz y hábilmente desenredando la madeja, que a la postre llegó a sacar en limpio que el origen de todo el caramillo estaba en la candorosidad del marqués de Santa Sofía del Real Secreto y barón de Bobaliche, quien de una hormiga había hecho un elefante.
El castellano del Real Felipe, que no tragaba ruedas de molino ni se asustaba con duendes ni demonios coronados, diose a cavilar en los fantasmas, y entre ceja y ceja se le encajó la idea de que aquello trascendía de a legua a embuchado revolucionario.
A falta, pues, de fuente más auténtica, ahí va la tradición, tal como me la contó una vieja muy entendida en historias de duendes y almas en pena.
Dejó en un rincón el instrumento, plagado de golpes y uñazos, con sus cuerdas anudadas como miembros viejos. —Arrímese —dijo uno, dándole lugar—, que aquí no hay duendes.
Supersticiones conocidas de todos y que completaban su silueta característica. —De duendes —dijo— les voy a contar un cuento. Y recogió el chiripá, sobre las rodillas para que no rozara el suelo.
Pienso que sí, celos son. HERO: Celos las almas no sienten; que no hay celos es error; los duendes son del amor. Dicen que los hay, y mienten.
Pero el viejo duende dijo que este arte no lo podía soportar en su esposa, y que no creía que fuese tampoco del gusto de sus hijos. La otra sabía colocarse de lado como si fuese su propia sombra, pues los duendes no la tienen.
El mar era de un azul negruzco y aparecía salpicado de barcos de vela, y en la era mujeres maduras, doncellas y niños, recogían lúpulo y lo metían en un gran tonel; los jóvenes cantaban canciones, mientras los viejos narraban cuentos de duendes y gnomos.
En derredor, dondequiera que llegaban los rayos de luna filtrándose por entre el follaje, veía jugar alegremente a los duendecillos, que no huían de él, pues sabían que era un muchacho bueno e inocente; son sólo los malos, de quienes los duendes no se dejan ver.
—Pues estás en el Bosque de los Duendes Juguetones; aquí todas las noches cuando sale el sol verde, danzamos y cantamos, para poder convencerlo de que no cierre la noche sus telones tan rápidamente.
¡y eterno!... ¡Pesen mis maldiciones, blandas y leves, sobre vosotros, míseros duendes! XVI Hacia el cerro que distingue lo sombrío de su tizne -padrón negro de hechos tristes- vagorosas ondas finge, parda nube, con matices colorados, como el tinte que a la luna da el eclipse; y en la espira que describe, rastros deja carmesíes...