dormir

(redireccionado de duermes)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo

Sinónimos para dormir

adormecerse

Sinónimos

Antónimos

pernoctar

Sinónimos

descuidarse

Sinónimos

Antónimos

  • cuidarse

Sinónimos para dormir

Ejemplos ?
En el cofre de plomo, dentro de tu esqueleto, Tendrás el corazón partido en mil pedazos. Y Granada te guarda como santa reliquia, ¡Oh princesa morena que duermes bajo el mármol!
Cuando se apagó la lámpara, amigos míos, y los esclavos se hubieron retirado, juzgué que no me convenía usar rodeos con Sócrates y que debía exponerle claramente mi pensamiento. Le toqué, pues, con el codo y le pregunté -¿Duermes, Sócrates?
Es la viuda de un héroe, que llora sobre su tumba. Más allá, en tu frío lecho de piedra, duermes, bella Emilia, el eterno sueño. La admiración y el amor envolvieron en doradas nubes de incienso tu corta vida.
Partió el Hipno al oír el mandato, llegó en un instante a las veleras naves aqueas, y hallando dormido en su tienda al Atrida Agamemnón —alrededor del héroe habíase difundido el sueño inmortal— púsose sobre la cabeza del mismo, y tomó la figura de Néstor, hijo de Neleo, que era el anciano a quien aquél más honraba. Así transfigurado, dijo el divino Hipno: —¿Duermes, hijo del belicoso Atreo domador de caballos?
Néstor, caballero gerenio, se detuvo a su lado, le movió con el pie para que despertara, y le daba prisa, increpándole de esta manera: —¡Levántate, hijo de Tideo! ¿Cómo duermes a sueño suelto toda la noche?
Respondió de nuevo la risueña Afrodita: — No es posible ni sería conveniente negarte lo que pides pues duermes en los brazos del poderosísimo Zeus.
¡Oh, Bruto, si hoy resucitaras!". Y en el tribunal del propio Bruto cada día hallaban carteles que decían: "¿Duermes, Bruto? No eres verdadero Bruto".
-Quizá te gustaría gastarte dos chelines en una botella de licor de grosella; podríamos beberla poco a poco en el dormitorio -insistió Steerforth-. Creo que duermes en el mismo que yo.
Amo tus nalgas de escultura bíblica y tus piernas venusinas desde siempre; tus brazos de sierpe, tu cuello de nube y tu espalda, cuando duermes...
XXV A LIDIA Ya no llaman con golpes tan frecuentes a tus cerradas ventanas los jóvenes atrevidos, ni alteran tu tranquilo sueño; la puerta, que giraba a todas horas sobre sus quicios, ama permanecer quieta en los umbrales, y oyes menos veces de día en día este estribillo: «¿Duermes, Lidia, dejando perecer a, tu amante?» Muy pronto serás vieja sin atractivos, y llorarás en la silenciosa calle los desprecios do tus insolentes adoradores, expuesta al viento de Tracia que se desata en la luna nueva.
El rumor de tu aliento cuando duermes, al lado de mis ímpetus inermes ha quedado asilado en la fragancia con que viste el dolor de la distancia.
Que tu reposo es más horrible aún que tu culpa. Ves a la que sacaste con esmero de su dulce cuna entrar por tus infames sugestiones en su féretro, ¡y duermes...