enamorar


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  • all
  • verbo
  • pronominal

Sinónimos para enamorar

galantear

Sinónimos

Antónimos

atraer

Sinónimos

Ejemplos ?
Se curó, se volvió a enamorar, volvió la novia a desdeñarlo, se encerró en su cuarto, se cortó el pelo de raíz y en su soledad forzosa empezó a escribir versos.
No había cambiado nada desde el día en que la conocí; sin embargo, la reunión con aquellas dos señoras me pareció tan agradable, encontré tanta amabilidad en ellas, que vi el momento en que me iba a enamorar un poco de miss Dartle.
Todos causaban alejamiento a la hormiga; ninguno se ganó su voluntad, hasta que pasó un ratonpérez, que la supo enamorar tan fina y delicadamente, que la hormiguita le dio su manita negra.
En lúbrico vaivén lo venzo y envuelto en sus rayos que agonizan feliz perezco… Y la mente inflamada en libertades, despojada de sombras y de miedos, sin recuerdos nostalgias de su vida ni soplos fatigados de su muerte se remonta al universo delirando algarabías para enamorar al alba y sembrar luceros en su felicidad.
¡Dentre, señor!" ?"¿No hay perros?" - "¡Ya los ataron!" Y ya también se colaron El Demonio y el Dotor. El Diablo allí comenzó A enamorar a la vieja Y el dotorcito a la oreja De la rubia se pegó.
—… Es decir, no el motivo suyo, sino el que yo le atribuía para no venir más aquí… ¿sabes por qué? —Porque él cree que usted se va a enamorar de mí—me adelanté, dirigiéndome a María.
Y para darte el perdón Mandó tu cruel señora Que una uña de raigón Te arrancases en mal hora Del dedo del corazón. También es bello soñar Al que sin ver a su dama, Llegándose a enamorar Por las nuevas de la fama, Quiso verla y surcó el mar.
Cantemos aquí loores sin par de quien meresció tal Hijo parir, que el daño de Adán vino a remediar, que, sin ygual soberana, fue tan gentil y galana que a Dios supo enamorar.
A Rafael le llamaban el tenorio del siglo XIX, y en verdad que este nombre le estaba como pintado: tenía tan diabólica habilidad para enamorar a las mujeres, que donde ponía los ojos ponía la flecha amorosa.
Las palabras que prosigue eran para enamorar: -Conde Claros, conde Claros, el señor de Montalván, ¡cómo habéis hermoso cuerpo para con moros lidiar!
Un inexperto observador hubiera supuesto que el teniente Benegas, al mirar el cementerio de la izquierda, quería conquistar a alguna bonita judía, o que, al mirar el cementerio de la derecha, pretendía enamorar a alguna musulmana emboscada en el misterio blanco de su manto.
Hoy me he dado cuenta de muchas cosas: primero –y esto tiene poca importancia–, que todo lo que se me ocurrió ayer fue una novelería infame; después, que tuve un principio de infidelidad para este cuaderno porque me empecé a enamorar de otro.