Ejemplos ?
Y en seguida se puso a encomiar de nuevo la violencia de la pasión que le había inspirado la fama de la belleza y del maravilloso talento de Picarilla, añadiendo que se había disfrazad para venir a ofrecerla con todo el respeto debido su mano y su corazón, y que debía perdonarle su osadía y el haber fracturado la puerta, en gracia del sentimiento violentísimo que le animaba.
Permítaseme encomiar su incansable labor en pro de la Cumbre; guió el proceso de negociación con tenacidad, habilidad y dedicación; su intelecto, su espíritu, su perseverancia y su optimismo nos sirvieron para alcanzar el éxito.
Iba bailando por la carretera, de regreso a la posada, donde lo esperaba su compañero. El muchacho no encontró palabras para encomiar la amabilidad con que lo recibiera la princesa y describir su hermosura.
Y pues te devuelvo exactos Tus esdrújulos malditos, Ya ves, me cuesta tres pitos El cumplir con nuestros pactos. Mas si en encomiar los gordos Tú te me cierras fanático, Pese a mi interés apático, Nos habrán de oír los sordos.
Quien conocerlos quiera, échese a leer las memorias de Lord Cochrane, y hallará que el noble conde de Dundonald, tan avaro para encomiar a sus subalternos, es pródigo en elogiar la bravura del alférez Vidal.
Yo no sé por qué (pues no he tenido un cuarto de hora ocioso para leer la vida del santo) exhiben en los altares al bienaventurado italiano con rostro y manos de negro retinto. Sospecho que será por encomiar en él la virtud de la humil- dad; y si no estoy en lo cierto, que no valga.
Partiendo del principio popular de que los cometas y fenómenos auguran pestes, guerras y demás calamidades públicas, saca en limpio Larrinaga, después de encomiar mucho a su rey Fernando y de poner como estropajo al príncipe de la Paz don Manuel Godoy, que el pichón palomino nacido en Lima fue..., (adivinen ustedes)..., nada menos que Pepe Botellas, como llamaban los españoles al hermano de Napoleón.
El mismo cronista dice, hablando del primer claustro: «Cuanto escribiéramos sobre el imponderable mérito de sus techos sería insuficiente para encomiar la mano que los talló: cada ángulo es de diferente labor, y el conjunto del molduraje y de sus ensambladuras tan magníficamente trabajadas, no sólo manifiestan la habilidad de los operarios, sino que también dan una idea de la opulencia de aquella época».