Ejemplos ?
¿La sangre que vierte tu hocico diabólico, el duelo y espanto que esparces, el llanto de los campesinos, el grito, el dolor de tanta criatura de Nuestro Señor, no han de contener tu encono infernal?
El civismo de sus guerreros; el cultivo y benignidad de sus artesanos; el empleo real y moderno de un número vasto de sus inteligencias y riquezas; la peculiar moderación del campesino sazonado en el destierro y en la guerra; el trato íntimo y diario, y rápida e inevitable unificación de las diversas secciones del país; la admiración recíproca de las virtudes iguales entre los cubanos que de las diferencias de la esclavitud pasaron a la hermandad del sacrificio; y la benevolencia y aptitud crecientes del liberto, superiores a los raros ejemplos de su desvío o encono...
Argentinos y orientales tenían que sentir por igual al escuchar las disposiciones secas y aniebladas del acuerdo logrado por el doctor Pérez y los políticos que representaba con el gobierno de Montevideo, el desengaño que fielmente acompaña a la comprobación de todo esfuerzo noble defraudado. Pero los orientales en especial, ¿qué podían hacer ahora, abandonados como quedaban a la liberalidad o encono de Elío?
-Hizo bien, tata querido -gritó el hijo sin encono-; venga, viejo lo perdono por lo que tanto ha sufrido; por aura, tata, le pido que no la maldiga más, que si jue mala y audaz, por mí, perdónala, padre, que una madre siempre es madre.
Con tal motivo cree Su Excelencia que es llegada la vez de que manifieste la opinión que siempre ha profesado sobre ascensos en el Ejército, sin traer a consideración el encono que pueda acarrearse de algunos que están acostumbrados a adquirir ascensos sin merecimientos, y sólo debido al favor o a la instancia de ellos mismos; pues a su conciencia de hombre honrado no puede retraerle esa pequeñez de cumplir con lo que es un deber imprescindible.
Todos los vecinos del Tocuyo se conspiraron contra él, con tal encono, que consiguieron que el gobernador Collado lo privase de entender en el beneficio de la mina y que enviase a Pedro de Miranda y a Luis de Seijas para que le sucediesen y enviasen preso a la Borburata.
Hagámonos magníficos regalos, para que digan aqueos y teucros: Combatieron con roedor encono, y se separaron por la amistad unidos.
El espíritu de partido que, al presente, agita a nuestros estados, se encendería entonces con mayor encono, hallándose ausente la fuentes del poder, que únicamente puede reprimirlo.
Mas ¿qué necesidad tenemos de altercar, disputando e injuriándonos, como mujeres irritadas, las cuales, movidas por el roedor encono, salen a la calle y se zahieren diciendo muchas cosas, verdaderas unas y falsas otras, que la cólera les dicta?
Pero Automedonte, famoso por su lanza, hallo el remedio: desenvainando la espada de larga punta que llevaba junto al fornido muslo, corto apresuradamente los tirantes del caballo lateral, y los otros dos se enderezaron y obedecieron a las riendas. Y los héroes volvieron a acometerse con roedor encono.
Sigue gravitando en el sentimiento nacional, traducido muchas de las veces, en palabras de viril protesta para el enemigo e histórico invasor, que mordió a dentelladas el corazón de nuestra Patria. Están en pie aún censuras acres, para los hombres que facilitaron traicioneramente la venida del encono y la saña.
Acaso por estas quisquillas se despertó el encono de la gente de claustro contra el virrey Manso; pues un fraile, predicando el sermón del Domingo de Ramos, tuvo la insolencia de decir que Cristo había entrado en Jerusalén montado en un burro manso, bufonería con la que creyó poner en ridículo a su excelencia.