encono

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Ejemplos ?
A consecuencia de la campaña emprendida el año siguiente por los pehuenches contra el caudillo Llanquitur, los aliados de éste estaban recelosos y desconfiados, y ponían dificultad para concurrir al parlamento; y, aunque, al fin, atraídos por las seguridades de amistad que se les daba, y por la codicia de los regalos que se les iban a repartir, se resolvieron a presentarse en él, los enconos arraigados en los pechos de esos bárbaros, dieron origen a sangrientas pendencias que apenas podían reprimir las tropas españolas.
Pero la audacia de los héroes del cuartelazo felicista ha ido más allá de lo inverosímil, cada día pregonan la rendición de millares de revolucionarios, promueven iniciativas de indulto y de amnistía para los que enarbolamos y sostenemos el lábaro del Plan de San Luis y, como si fuésemos huestes u hordas de bandidos, pues la verdad es que si nosotros merecemos que se nos brinde la amnistía o el indulto, los que han iniciado el cuartelazo para aprovecharse de los frutos de la Revolución y el poder, también lo merecen, porque juraron fidelidad a un despotismo que ellos bautizaron con el nombre de "ilegalidad" y tremolaron entre sus manos tintas en sangre el pabellón negro de la traición para saciar torpes ambiciones y envenenados enconos...
No pueden perdonarnos tus enconos el que tu yugo ya no padezcamos, y en nosotros más siervos que colonos no tengan ya tus coronados amos.
¿Cómo iba a darnos paz el Brasil, pescador viejo y práctico de río revuelto, si ve agitadas nuestras aguas por el turbión de pasiones y enconos partidistas que ellos preferían estimular?
Ni Enrique a Pedro conoce, ni Pedro a Enrique: apartólos el Cielo hace muchos años, años de agravios y enconos, un mar de rugiente sangre, de huesos un promontorio, de crímenes un abismo, poniendo entre el uno y otro.
Lejos de avivar viejos enconos o de heredar fobias que nos dividen, nutramos nuestra convicción democrática con el respeto a la diversidad, el ejercicio de la tolerancia y la construcción de un orden político en el que nos reconozcamos todos.
Lleno de la esperanza de la gloria, y arrostrando la inquina, y en la escoria, fuelvo al éter la faz, miro esplender la eternidad del cielo, y reporto a mis lágrimas consuelo ¡y a mis enconos paz!
Esta situación desastrosa va, además, cavando poco a poco un abismo de enconos y de rencores entre el capitalista y el obrero, factores ambos del progreso nacional, socios comunes en la vida económica de los pueblos, cuyo crecimiento y prosperidad está precisamente basado en la armonía que debe presidir las relaciones de aquellos dos grandes factores obligados de toda prosperidad y de toda grandeza.
Detrás quedaban los partidos tradicionales, casi disueltos y sin bandera, con los servicios prestado al país, con sus enconos y con las ambiciones personales de sus miembros influyentes; quedaba el personalismo roqui-juarista, que con los desbordes del “imperium y del unicato”, había conducido al país a la ruina política, social y económica.
Porque ciertamente un cosa es perfilarse desafiante ante el extraño, que si vence no está obligado a perdonar más; y otra muy diversa enfrentar al hermano, en quien, en cualquier momento, la indignación, los enconos, los agravios pueden ceder a la voz de la sangre.
Pero el juicio histórico imparcial no puede, sin embargo, olvidar que entraron a la forja heroica en otras circunstancias. Llevados por el impulso de la lucha ya trabada, con sus pasiones, enconos y vehemencias.
Ídolo de doce siglos, y de cien monarcas solio, que desparecer vio el mundo terrorizado y absorto, cuando crímenes, virtudes, pasiones, furias, enconos, saber, ignorancia, errores, héroes, gigantes y monstruos, de sangre en un mar lo ahogaron, y bajo un monte de escombros lo sepultaron y hundieron con universal trastorno.
Solo pudo bastar vuestro amoroso anhelo, a prestarme constancia en los afanes que turbaron mi paz, cuando insolente, vano saber, enconos y venganzas, codicia y ambición, la patria mía abandonaron a civil discordia.
Y si un año era malo, otro peor le seguía. Aquellos campos estaban malditos, y los Alvargonzález venían tan a menos, como iban a más querellas y enconos entre las mujeres.
Los enconos de esta guerra, sin duda injustificada, es la primera causa ulterior a la insurgencia legitimista de 1810, que hacen que ésta evolucione hacia el separatismo.