Ejemplos ?
Salvo un enorme coracero de uniforme, una especie de truco de mandíbula pesada y bigote rojizo, sentado junto a dos elegantes dominós de seda malva y que bebía con la cara descubierta, los ojos azules ya vagos, ninguno de los seres que allí se encontraban tenía rostro humano.
Y aquel enmascarado era yo, pues reconocí mi gesto en la mano que levantaba la cogulla y, boquiabierto de espanto, lanzaba un enorme grito, pues no había nada bajo la máscara de tela plateada, nada bajo el óvalo de la capucha, sólo el hueco de tela redondeada sobre el vacío: estaba muerto y yo...
Sacó aquél de uno de los grandes bolsillos de la amplia blusa una enorme pipa, y tras encenderla con toda parsimonia y arrojar algunas bocanadas de humo.
Retrocedieron vertiginosamente ante mí, dejando en su hueco un sitio enorme, como si hasta ese instante el ámbito hubiera estado lleno de mil gritos conocidos.
¡Qué grito ha dado! Le erré... ¡Otra vez las víboras! ¡Allí, allí hay una enorme!... ¡Ay! ¡¡Socorro, socorro!! ¡Todos me quieren matar!
El hijo, saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó a la ventura por detrás.
Rosario miró hoscamente a Joseíto; éste le había estafado; ella creyó hasta entonces que el día en que ella hubiera mirado con intención a otro hombre, Joseíto hubiera salido retratado en los periódicos con el pelo de punta, los ojos saliéndosele de la cara, en una mano un cuchillo enorme y con un pie puesto sobre el pecho de su rival, el cual aparecería en el suelo sobre un charco de sangre y con el cuerpo hecho una criba garbancera.
Luego engendró, amancebado con Gea, al enorme Taumante, al arrogante Forcis, y a Ceto de hermosas mejillas, Euribia que alberga en su pecho corazón de acero.
Con ella sola se acostó el de Azulada Cabellera en un suave prado, entre primaverales flores. Y cuando Perseo le cercenó la cabeza, de dentro brotó el enorme Crisaor y el caballo Pegaso.
Durante algunos minutos avanzó por una senda casi invisible a los ojos de los menos expertos, y al llegar a un enorme hacinamiento de rocas, llevose los dedos a los labios y dejó escapar un silbo agudo que resonó como modulado por un mirlo en los zarzales.
No se puede, si se trata de ser objetivo, decir simplemente que esa problemática es la misma de la de todo el resto de la República, sólo que magnificada por su población natural y migratoria y por su conurbación con las vecinas entidades del Valle de México y que por lo tanto bastarían para enfrentarla, los mismo remedios sólo que en dosis mayores, en dosis gigantescas. En lo político, el Distrito Federal y su enorme población, son simplemente una dependencia del Poder Ejecutivo.
La aniquiló el hijo de Zeus con su implacable bronce, el Anfitriénida Heracles, con ayuda del belicoso Yolao, según los planes de Atenea amiga de botín. La Hidra parió a la terrible, enorme, ágil y violenta Quimera, que exhala indómito fuego.