equivocar


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Sinónimos para equivocar

confundirse

Ejemplos ?
Porque ese factor disuasivo que tiene lo militar también se ha hecho presente en el campo de las relaciones internacionales, y el papel de Unasur, la validación que Unasur ha tenido de los resultados electorales ha también impedido que aquí haya las condiciones externas, las condiciones políticas externas, para intentar alguna aventura interna, para los factores que eventualmente se hubieran podido equivocar con respecto a sus propias posibilidades de desestabilizar al país.
Aun se ha llegado á equivocar la geografía y se ha hablado del Puerto de la Cruzada ó Puerto Egmont, creyendo comprender al puerto Luis ó puerto de la Soledad, y tomando parte de aquellas islas y no la mayor por el todo ó el conjunto de ellas.
Lo hemos reunido para que nadie se llame a engaño, para que nadie se vaya a equivocar; que no se vayan a creer que la procesión esa que llevan por dentro algunos la lleva todo el pueblo; para que no se vayan a creer que el disgusto que llevan por dentro algunos lo lleva todo el pueblo.
No nos salvará el conocimiento de las personas que los suscriben; porque siendo muy distinta la inteligente formación de un plan de comercio de la instrucción reducida a no equivocar el paño de Segovia con el de San Fernando, a no confundir la Bretaña de Francia con la de Hamburgo, creerán que consultaron personas inteligentes, y se formarán de la literatura del país el concepto más triste y menos merecido.
Mozo serio, el coimero; muy ponderado entre el gauchaje, como formal y recto. Con él, nunca había discusiones; no se solía equivocar en las cuentas, y siempre, a cada uno, daba lo que le correspondía.
Los mexicanos llamaban al cacao cacahuatl, No hay que equivocar el cacao con el cacahuate (el maní de las islas), cosa fácil por la semejanza de los nombre y más porque al cacahuate llamaban tlalcacahuatl, cuyo nombre daban también á una de las especies del cacao.
En una mala noche de saqueo y de política que los beligerantes tuvieron como norma equivocar la fe con la rapiña, al grito de "¡Religión y Fueros!' y "¡Viva la Reforma!, una de mis geniales tías, que tenía sus ideas prácticas sobre aquellas intempestivas griterías, y que en aquella lucha no siguió otro partido que el de cuidar los cortos ahorros de mi abuelo, tomó cuatro talegas y con un decidido brazo las arrojó en el pozo, perturbando la expectación de la hora ingrata con el estrépito de plata.
La responsabilidad de conducto-res que los distinguía, les obligaba a proseguir, sin equivocar itinerarios, hacia la galaxia prome-tida por los datos de las computadoras.
Vieron que míster Jones atravesaba el alambrado, y por un instante creyeron que se iba a equivocar; pero al llegar a cien metros se detuvo, miró el grupo con sus ojos celestes, y marchó adelante.
Habiendo sabido la Junta en este momento, que los Ministros de la Tesorería, en los recibos que daban a las personas que lean entregado dinero por vía de empréstito, ponían la expresión: Por cuenta de donativo forzado; un disgusto inconcebible, ocupó su animo al ver que de este modo se procuraban equivocar las determinaciones del Gobierno, dándoles un sentido siniestro contra lo mismo, que desde el principio expuso en sus oficios; y aquellos Ministros habrían sufrido el más severo castigo, si cuando se les reconvino no hubiesen hecho presente, que no habiéndoseles comunicado era este un puro empréstito, o supusieron donativo forzoso.
Resueltos a la magnánima empresa, que hemos empezado, nada debe retraernos de su continuación: nuestra divisa debe ser la de un acérrimo republicano que decía: malo periculosam libertatem quam servitium quietum; pero no reposemos sobre la seguridad de unos principios que son muy débiles si no se fomentan con energía; consideremos que los pueblos, así como los hombres, desde que pierden la sombra de un curador poderoso que los manejaba, recuperan ciertamente una alta dignidad, pero rodeada de peligros que aumentan la propia inexperiencia: temblemos con la memoria de aquellos pueblos que por el mal uso de su naciente libertad, no merecieron conservarla muchos instantes; y sin equivocar las ocasiones de la nuestra con los medios legítimos de sostenerla...
Presentósele al otro día el escribano a notificarle un auto judicial, y después de firmar la diligencia, fingiendo Ijurra equivocar la salvadora, vertió sobre el proceso el enorme cangilón de plata que le servía de tintero.