esbelto


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  • adjetivo

Sinónimos para esbelto

gallardo

Ejemplos ?
Crecía allí un magnífico y esbelto rosal, pero una mano perversa había tronchado el tronco, por lo que todas las ramas, cuajadas de grandes capullos semiabiertos, colgaban secas en todas direcciones.
De pronto, una lucecilla de buró se enciende e ilumina sombríamente la estrechez de aquel cuarto refinado. La delgada silueta de un hombre esbelto y desnudo se desliza con pesadez hasta el armario.
DON JUAN Ésa es una pastorcilla muy bonita, de unos quince años, con dos ojos negros que en luz con el sol compiten, y con un cutis más blanco que las plumas de los cisnes, con un cuerpo más esbelto que una palma, y más flexible que los juncos olorosos que en el agua echan raíces, y con dos manos más bellas que el nácar y los jazmines.
Enseguida ante los ojos desde arriba de los funcionarios, sacaba todos los carteles que contenían completa la canción y los iba mostrando: escalera, espacio, estrella, esbelto.
Javotte se instalaba todas las mañanas en el de su padre, y allí, o bien sentada sobre las mercancías, hacía ganchillo, o bien se levantaba para llamar a los transeúntes, les cogía del brazo y no les soltaba hasta que comprasen alguna mercancía; lo cual, por otra parte, no le impedía ser al mismo tiempo la más tímida de las jovencitas de cuantas, sin haberse casado, había llegado a la edad en la que a una muchacha se la consideraba solterona; llena de gracia, linda, rubia, alta y ligeramente encorvada, como la mayoría de las chicas dedicadas al comercio, de talle esbelto y delicado...
Recordaba, sin intención de hacerlo, las aventuras de sus primeros años: una mujer morena, vestida con pingajos multicolores, que le daba besos y mendrugos de pan; y un hombre esbelto, ágil, de mirada enérgica y semblante duro, que solía hablarle áspero y molerle los riñones con una vara; pero que con su mal genio y todo, andaba a pie leguas y leguas, mientras el chiquillo y su madre iban a lomos de Madroño, y destinaba al hijo la primera cucharada de sopa y echaba por la boca venablos y rayos por los ojos cuando alguien se metía con Curro.
Allí, entre los mil objetos y personas que cruzaban en todas direcciones, observó que, a semejanza de los aviones que en las calorosas tardes de verano revoloteaban incansables alrededor del campanario de su lugar, discurrían por una y otra acera, pasaban, volvían a pasar, y siempre las mismas, aunque en incalculable número, mujeres de incisiva y elocuente mirada, beldades de esbelto talle y desenvuelta marcha; mujeres que, sin saber por qué, le arrancaban del echo hondos suspiros.
Alto, esbelto, de gallardo empaque, limpio como el agua y siempre típica y elegantemente acicalado, hacíase Joseíto el Ecijano perdonar lo incorrecto de sus facciones, gracias a lo generoso de su condición, a lo expansivo y jovial de su carácter y a saber anticiparse siempre y ser el primero en poner en solfa las condiciones antiestéticas con que Dios le hubo de poner en este valle de lágrimas.
Completaban su belleza los cabellos, que se le venían y le caían sobre la frente estrecha en abundosos rizos, las débiles curvas del cuerpecito de quince años, con el busto largo y esbelto, vestido de seda roja, las manos blanquísimas y finas.
Durante algún tiempo, Remigio el carretillero, un moreno pálido, delgado y esbelto, pareció haber inclinado a su favor el poquísimo interés que prestaba a sus adoradores la desdeñosa muchacha.
La misma negrura de alma, la misma inclinación al crimen, el mismo desprecio por la religión, el mismo ateísmo, la misma bellaquería, el espíritu más flojo y sin embargo más hábil y artero en perder a sus víctimas, pero con un talle más esbelto y ligero...
Me complació el proyecto, porque me facilitaría la ocasión de ver el cuerpo de Marianne, que tenía muchas ganas de examinar; era delicioso, firme, blanco, esbelto, y su trasero, que manoseé dos o tres veces bromeando, me pareció una verdadera obra maestra.