espanto


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  • sustantivo

Sinónimos para espanto

amenaza

Sinónimos

horror

Sinónimos

Ejemplos ?
Comuneros, sabeis vuestro destino; Sed fieles al invicto Emperador.» Y salió del castillo á lento paso Con la mano enjugándose la cara Y agitando en el aire aquella vara Que sembraba el espanto y el horror.
La mujer pegó un salto, y en su atezado rostro, que alumbraban los últimos reflejos del Poniente, se pintó una especie de terror animal, el espanto del lobo cogido en la trampa.
Acudieron al párroco y la bruja; la ayudaron; se le vio sacar primero la rodilla, después una pierna, al fin el tronco, y la faz lívida, con la respiración cortada; el único ojo, loco de espanto.
«Pip, pip», murmuró un ratoncillo, asomando quedamente, seguido a poco de otro; y, husmeando el abeto, se ocultaron entre sus ramas. -¡Hace un frío de espanto!
Un exceso anómalo de oxígeno produciría, según estaba probado, una exaltación de los espíritus animales, tal como la habíamos sentido en esos días. Lo que provocaba el espanto era la extensión de esta idea hasta su límite.
Este don Lope, que espanto De las cortesanas era, Su oro gastaba en secreto Pródigamente con ellas, Y a pesar de su faz torva, De su voz ronca y severa, Y de su amor a las leyes Y timorata conciencia, Se le bailaban los ojos Al dar con una mozuela Morenilla y vivaracha, Desenfadada y resuelta; Y como hiciese su encuentro Por alguna callejuela Excusada y solitaria, Fingiendo tomar las señas De cualquier casa, tendía Por el embozo tras ella Los encandilados ojos, ¡Y qué cintura!, ¡qué pierna!
Un aposento tras otro (250) Amedrentado cruzó Y dió por fin en la calle: Mas al tender en redór Los ojos despavoridos Con espanto grande vió Que el juez se arrojaba á ella Lanzado por un balcon.
El interés y emoción del público eran extraordinarios, y no menos la solemnidad con que los migueletes se despedían de sus familias y amigos para marchar a tan importante empresa. ¡Tal espanto había llegado a infundir Parrón a todo el antiguo reino granadino!
Y todas aquellas cogullas callaban en una inmovilidad de espectros y, sobre sus fúnebres coronas, la ojiva de las ventanas recortándose en claro sobre el cielo blanco de luna, las cubría con una mitra transparente. Sentía hundirse mi razón en el espanto; ¡lo sobrenatural me envolvía!
Tuvo aún fuerzas para arrancarse a ese último espanto, y de pronto lanzó un grito, un verdadero alarido, en que la voz del hombre recobra la tonalidad del niño aterrado: por sus piernas trepaba un precipitado río de hormigas negras.
Todo el techo se hallaba cubierto de luminosas luciérnagas y murciélagos de color azul celeste, que agitaban las delgadas alas. ¡Qué espanto!
También las obras de aquél producían en las gentes un como espanto y desasosiego que expresaban hablando de la «terribilitá» del Buonarroto.