espectador


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Sinónimos para espectador

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Ejemplos ?
-No, pus lo que es gordo, por decir gordo, ya viene gordo, -añade otro convecino que no tiene la mayor facilidad para expresar lo poquísimo que se le alcanza. -No digo yo otro tanto -le replica un espectador de enfrente-; ahí va la mi Leona, que paez que la han chupao las brujas.
Y aunque tamaño absurdo fuera atendible, ¿de qué serviría cuando la pared cayó un cuarto de hora después que sonó el tiro?... -¿Pero tú haces caso de esas socaliñas? -dijo don Silvestre, hasta entonces mudo espectador. -A esta gente es preciso conocerla.
Parecía tan natural que un hombre tan desengañado y tan combatido en sus patrióticos intentos se limitara al tranquilo papel de mero espectador de sus propias hazañas progresistas, arrellanando su corrida, pero bien oronda humanidad, en el respectivo escaño de las Constituyentes.
Que la economía agrícola, comercial e industrial del país se encuentran estancadas o en retroceso y la inflación en acelerado aumento, sin que se vean indicios, siquiera, de preocupación por esos problemas, los que están entregados a su sola suerte por el gobierno, que aparece como un mero espectador de ellos; 10.
No descubre el papel trascendente que la lectura tiene para situar al pequeño frente a la vida, frente a su mundo, no como simple espectador, sino lo más significativo, como parte dinámica y creativa de la misma.
Dormitorio morisco en el alcázar de Valencia. A la derecha del espectador una cama, junto al proscenio; a la izquierda, una ventana con celosías y cortinajes.
Curro se puso pálido, muy pálido; cayó de rodillas junto al burro, le rodeó el cuello con los brazos y rompió en sollozos. -Vamos, galán -dijo un espectador-, levanta de ahí.
Si Isabel y Marsilla, sólo porque aman, tienen derecho a conseguir el objeto de su pasión ante los ojos del espectador, el mismo derecho tienen Azagra y la mora, porque también aman: su pasión disculpa sus acciones.
A mi, la sola contemplación de la sabiduría me ocupa ciertamente micho tiempo; la contemplo tan emocionado como el mismo universo que a menudo miro como un espectador novel.
Si Electro ;omo ideal del autor, es un arma de combate contra los abusivos avances de la clerecía jesuítica, contra el fanatismo y contra la superstición, mal se comprende que, como regalado manjar contra la última, se le ofrezca al espectador una supersticiosa aparición.
El autor ha evitado este escollo con raro tino, y ha encontrado el secreto de ese resorte dramático en la misma virtud, en la perfección misma de su protagonista, inventando un episodio bellísimo en la pasión criminal de la madre de Isabel, preparada con tal discreción que cuando el espectador la sabe, como llega a su noticia acompañada del castigo y de las angustias del delito, hace más sublime a esa misma madre; porque la sublimidad, en el teatro sobre todo, no está en la perfección sin tacha, sino en la lucha de la debilidad humana y de la virtud vencedora.
Mientras es actor en los sucesos del siglo en que nace, todo va bien; pero desde el momento en que, gastado el eje de su vida, se constituye en mero espectador, nada es de su agrado.