exánime


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  • all
  • adjetivo

Sinónimos para exánime

inanimado

Sinónimos

Antónimos

debilitado

Antónimos

Sinónimos para exánime

agotado

Ejemplos ?
De otra clase es el agudo dardo que yo arrojo: por poco que penetre deja exánime al que lo recibe, y la mujer del muerto desgarra sus mejillas, sus hijos quedan huérfanos, y el cadáver se pudre enrojeciendo con su sangre la tierra y teniendo a su alrededor más aves de rapiña que mujeres.
Así ocurrió que Napoleón, que, como todos sus contemporáneos, consideraba a España como un cadáver exánime, tuvo una sorpresa fatal al descubrir que, si el Estado español estaba muerto, la sociedad española estaba llena de vida y repleta, en todas sus partes, de fuerza de resistencia.
Ahora es a ti a quien asisto y defiendo, exhortándote a pelear animosamente con los teucros. Mas, o el excesivo trabajo de la guerra ha fatigado tus miembros, o te domina el exánime terror.
No creo que ahora se pueda culpar a ningún guerrero, porque todos sabemos combatir y nadie está poseído del exánime terror, ni deja por flojedad la funesta batalla; sin duda debe de ser grato al prepotente Cronión que los aqueos perezcan sin gloria en esta tierra, lejos de Argos.
Arrójase casi exánime al suelo y, cuando recobra por algunos momentos el sentido, oye en lo profundo la voz plañidera de su hija: ¡Madre, mía, madre mía, no me dejéis a oscuras!
Ya aquél le tocaba las rodillas con intención de suplicarle, cuando le hundió la espada en el hígado: derramóse éste, llenando de negra sangre el pecho, y las tinieblas cubrieron los ojos del teucro, que quedó exánime.
Luego quedó exánime, sólo emergida la cabeza, todo el esfuerzo de su ser concentrado en recuperar el ritmo perdido de su respiración.
Allá arriba cerníase en el aire una veintena de grandes aves negras, destacándose el pesado aletear de los gallinazos el porte majestuoso de los buitres que con las alas abiertas e inmóviles describían inmensas espirales que iban estrechando lentamente en torno del cuerpo exánime del caballo.
La parturienta, rendida, ya no tenía ni fuerzas para quejarse, y el vestiglo, exánime o poco menos, no exhalaba, sino un gemido sordo, flébil, y, últimamente una especie de soplo estertoroso.
Oculta el rostro entre las manos y llora, llora tres días y tres noches, rehusando el alimento. Al tercer día, exánime, bebe una jarra de kumis, y se resigna.
Del árbol en que exánime palpita No le vi la sombra cara, Del sepulcro en que vence y resucita Tampoco la luz clara, Y aunque ventura tal no me ha cabido Llenando mi deseo, ¡Dichoso el que sin ver haya creído!
García suspiró, previendo una desgracia. ¡Yo la preveía también!... ¡Yo, inerte, exánime, echado sobre la espalda de aquel mártir! ¡Qué horrenda pesadilla!