Fénix


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Sinónimos para Fénix

Ave Fénix

Sinónimos

Ejemplos ?
Y ahora tú, amigo mío, no pienses de igual manera, ni un dios te induzca a obrar así; será peor que difieras el socorro para cuando las naves sean incendiadas; ve, pues, por los presentes, y los aqueos te venerarán como a un dios, porque si intervinieres en la homicida guerra cuando ya no te ofrezcan dones, no alcanzarás tanta honra aunque rechaces a los enemigos. Respondióle Aquileo, ligero de pies: — ¡Fénix, anciano padre, alumno de Zeus!
Renació, en efecto, el fénix, con misterioso aleteo, allá por el año de 60, cuando se fraguó el complot extraño y romancesco de la Rápita.
Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego. El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix.
Cuenta la leyenda que anida en Arabia, y que cada cien años se da la muerte abrasándose en su propio nido; y que del rojo huevo sale una nueva ave Fénix, la única en el mundo.
Pero el Ave Fénix no es sólo el ave de Arabia; aletea también a los resplandores de la aurora boreal sobre las heladas llanuras de Laponia, y salta entre las flores amarillas durante el breve verano de Groenlandia.
En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges, y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla. ¡Ave Fénix!
Iba en el carro de Thespis en forma de cuervo parlanchín, agitando las alas pintadas de negro; el arpa del cantor de Islandia era pulsada por el rojo pico sonoro del cisne; posada sobre el hombro de Shakespeare, adoptaba la figura del cuervo de Odin y le susurraba al oído: ¡Inmortalidad! Cuando la fiesta de los cantores, revoloteaba en la sala del concurso de la Wartburg. ¡Ave Fénix! ¿No la conoces?
Pensó de mal modo y volvió nuevamente a contemplar las cenizas del Ave Fénix, que “no se le daba la gana de volver”, se exaltaba.
Rejuvenecida cada siglo, nacida entre las llamas, entre las llamas muertas; tu imagen, enmarcada en oro, cuelga en las salas de los ricos; tú misma vuelas con frecuencia a la ventura, solitaria, hecha sólo leyenda: el Ave Fénix de Arabia.
Sólo esperaba que el Fénix reviviera de sus propias cenizas para que ella alcanzara el más alto dominio, pues estaba predicho que quien salvara al ave inmortal, adquiriría a su vez la inmortalidad y el imperio mundial.
Por eso Alkurniax se la pasaba contemplando los residuos del Ave Fénix y le imploraba que ya era hora de resurgir. Lo exhortaba con toda la falsa ternura que podía manifestar, a que comenzara su renacimiento, pero nada.
Todo hombre nace mi hermano; do llevo mi gaya ciencia, la fe llevo en la conciencia y en la lengua la verdad. Fénix que anuncio mi muerte, vengo en mis patrios hogares de mis últimos cantares el son postrero a exhalar; vengo en un esfuerzo fuerte de mis postrimeros bríos, a saludar a los míos, a hacerme ora vez al mar.