fétido


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  • adjetivo

Sinónimos para fétido

Sinónimos para fétido

apestoso

Ejemplos ?
Allí se le entregó al capitán de guardia Don José Portales, quien inmediatamente le destinó a un calabozo tan inmundo y fétido, que no cabe exageración, como que no tuvo lugar limpio más que en el que pudo estar sentado toda esa noche.
Pasa un borracho hinchado el rostro, echa hacia mí su aliento fétido, alza los brazos y gritando: -¡Viva el Perú!- se cae al suelo.
Di orden a dos de ellos de extender una vestidura, e hice levantar el cuerpo bendito de mi buen padre José para amortajarlo con ella. XXVI. Y puse mi mano en su corazón, diciendo: Nunca el olor fétido de la muerte se apodere de ti. No oigan tus oídos nada malo.
En la árida playa del próximo río tan sólo hay enjutas y ardientes arenas; vapores que se alzan de un fétido estanque, brillando a lo lejos titilan y tiemblan.
Las flores que al borde del fétido estanque lucieron sencillas su blanca inocencia qué harán si ese fango se agita y rebosa de miasmas malsanos llenando la senda?
Por allí trepó uno de los periodistas, abrió la trampa deslizándola horizontalmente, pero al alumbrar con su linterna el fétido y negro recinto no descubrió más que una masa informe de detritus cerca de la abertura.
Cada celda angosta que habitamos es una oscura letrina maloliente y cada apertura que cierran las barras es fétido aliento de Muerte viviente; y todo, menos la lascivia, se reduce a polvo en la máquina Humana.
Detrás de la cocina, se extendía un solar inculto y pro indiviso, que allá muy lejos tenía por lindero natural el arroyo enlodado y fétido conocido con el nombre de El Sapero.
Me paseaba con mis niños al borde del río, aspirando el fresco del agua, cuando vi, entre unas cañas, muy cerca, a la maldita, que nos fijaba, que nos enviaba su fétido aliento...
En cuanto a la naturaleza de los desiertos de arenas calcinadas o de hielo, de volcanes de la Martinica y terremotos de Messina, y de pelícanos que ofrecen sus entrañas y aves que de contrabando hacen empollar sus huevos por el prójimo, y hembras que devoran la mitad de sus crías, y tórtolas y búhos y hienas y cisnes; la naturaleza del canibalismo y de la bulimia y de las plantas insectívoras y de los largos ayunos invernales, de mantis y arañas que se comen a sus machos enamorados y de efímeras que no hacen sino amar y no se nutren y ni siquiera tienen boca; la naturaleza de la hormiga, del ruiseñor y del vampiro; de los seres que viven suspendidos en rayo de luz, hundidos en el fétido fango...
Por eso amo los montes y los valles, y odio de las ciudades la penumbra y el sucio ambiente de sus hondas calles que sólo en el cenit el sol alumbra; y por eso, en sus muros confinado y aspirando su fétido perfume, soy un viejo alcotán aprisionado que de tedio en la jaula se consume.
¿Sabes que ese corazón donde pretendes que yo nazca es más duro que la piedra, más sangriento que el cadalso, más fétido que el sepulcro?