fatalidad


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  • sustantivo

Sinónimos para fatalidad

hado

Antónimos

  • voluntariedad

Sinónimos para fatalidad

Ejemplos ?
De esta suerte preside al drama no la maldad, repugnante siempre cuando se presenta en las tablas fría y estéril, sino la fatalidad, la hermosura misma de Isabel, que le acarrea sus desventuras todas.
-Es imposible verle hoy- le dije a mi compañero- su señoría está en efecto ocupadísimo. Diónos audiencia el miércoles inmediato, y ¡qué fatalidad!
Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.
Este gran problema que nos ha planteado la fatalidad ha sido embrollado adrede por falta de valor para presentarlo ante España en sus términos brutales, escuetos, que serían: ¿Quieres ser una nación modesta y ordenada y ver emigrar a muchos de tus hijos por falta de trabajo, o ser una nación pretenciosa o flatulenta y ver morir a muchos de tus hijos en el campo de batalla y en el hospital?
IV El canto de Siannah expira, y con el, suave y armonioso el rumor de un beso. ¿Que son los vanos castillos que eleva la voluntad del hombre para combatir las funestas armas de que se vale la fatalidad ?
¡Produciéndome al azar de la súplica primera, por más razonar que quiera jamás podré razonar! Yo consigo la Verdad, sin compás, sin ley, a pulso: yo procedo por impulso de la Gran Fatalidad.
Salvado, auxiliado, desembriagado, sentado ya en el bote, con la ropa chorreante, el profesional del descreimiento y enemigo jurado de las supersticiones repetía bufando y escupiendo aún amarguras: -¿Lo ven ustedes? ¡Si tenía que suceder! ¡Si donde entra ese demonio de hombre entra la fatalidad! -Tanto como eso...
Tal vez hubiese valido más que ni la niña hija del populacho, ni yo, el refinado intelectual, nos hubiésemos encontrado para perpetuar el sufrimiento. Tal vez era la fatalidad lo que salvaba nuestras existencias, en la hora espantosa de la asfixia universal...
no son suficientes un carácter templado y una ciega confianza en la educación de un hijo para ahuyentar el espectro de la fatalidad que un padre de vista enferma ve alzarse desde la línea del monte.
La fatalidad, señora Condesa, ha traído a esta casa e impide salir de ella en cuarenta o cincuenta días, a un extraño para ustedes, a un desconocido, a un don Jorge de Córdoba, de quien nunca habían oído hablar, y que tiene un pariente millonario.
Queda todavía por ver la fiera lucha que hubieron de entablar sus almas, cuando el fundente del dolor perdió fuerza y virtud, y alzaron otra vez la cabeza los caracteres respectivos con su fatalidad individual; las leyes sociales, con sus inflexibles preceptos, y el inveterado egoísmo de nuestro héroe, con sus tendencias antisociales.
Dijo así: “Aquí dos nombres: el del acusador y el del acusado. Dos nombres enlazados por la fatalidad de la historia y que rodarán en la historia de mi patria.