Ejemplos ?
Entre los muchos vicios de que abundaba Cayo César, era admirablemente notado en ser insigne en picar a todos con alguna nota, siendo él materia tan dispuesta para la risa; porque era tal su pálida fealdad, que daba indicios de locura, teniendo los torcidos ojos escondidos debajo de la arrugada frente, con grande deformidad de una cabeza calva destituida de cabellos, y una cerviz llena de cerdas, las piernas muy flacas, con mala hechura de pies; y con todas estas faltas sería proceder en infinito si quisiese contar las cosas en que fue desvergonzado para sus padres y abuelos y para todos estados; referiré sólo lo que fue causa de su muerte.
Si tomamos el parecer a la naturaleza, a la presunción violenta, al efecto ya coronado, diremos que si leyera el aviso de la conjura y los nombres de los conjurados, suspendiera el camino al Senado, volviera a su palacio cuidadoso, y con secreto compendiosamente resuelto hiciera aprisionar los traidores, comprobara la fealdad del delito, y asegurando en sus maldades el horror de la pena, los hiciera morir por sentencia.
—Acuérdese ella, señora Tansi, de tenerme alguna, que como yo esté en su memoria —dijo Ricaredo—, yo sé que la voluntad será buena, pues no puede caber en su mucho valor y entendimiento, y rara hermosura, la fealdad de ser desagradecida.
La virtud, la nobleza, la discreción y los bienes de la fortuna bien pueden alegrar el entendimiento de aquel a quien le cupieron en suerte con su esposa; pero que la fealdad della alegre los ojos del esposo, paréceme imposible.
Pero estos efectos no podrían verificarse en lo que es discordante. Más: la fealdad no puede armonizar con nada que sea divino; únicamente la belleza.
Apartemos lejos de cualquier varón romano este ejemplo de quien, o desechó de sí el llanto con intempestivos juegos, o le despertó con la fealdad de trajes asquerosos y sucios, alegrándose con ajenos males y con humanos consuelos.
Mas doña Luz espantada De tamaña fealdad Dió en resistir sus antojos, Y su vergüenza fue tal, Y tal su arrepentimiento, Que en su profunda humildad Encerróla en una torre Suponiéndola un galan.
El dueño del mono era uno de esos cíngaros tan frecuentes hace cien años, pero ya escasos entonces y hoy día ahogados y perdidos en la fealdad y en la insignificancia de nuestras cabezas burguesas: un perfil de filo de hacha, frente alta pero recta, nariz larga y gibosa, inclinada, pero, sin embargo, no al estilo de la nariz romana, sino al contrario, respingona y apenas adelantándose a la boca, de labios finos y salientes, la barbilla hundida; luego, los ojos oblicuos bajo unas cejas dibujadas en V y largos cabellos negros completaban el conjunto.
Atentamente miró Rodolfo el retrato, y dijo: -Si los pintores, que ordinariamente suelen ser pródigos de la hermosura con los rostros que retratan, lo han sido también con éste, sin duda creo que el original debe de ser la misma fealdad.
Finalmente, mientras les es permitido el estar en su dicha mostrándose en la forma que ellos quieren ser vistos, resplandecen y engañan; pero cuando sucede algo que los perturbe y que los descubra, entonces se conoce cuánto de verdadera y honda fealdad encubría el ajeno resplandor.
La fealdad que generalmente caracteriza el mujick se doraba y se revestía de algo sonriente y bueno, bajo la claridad pura del astro, que descendía sobre el grupo como bendición y esperanza.
Vio en estas esencias una fealdad y una imperfección que nunca había pensado; vio que, sumidas en dolores sin fin, en angustias incesantes, eran circundadas por un torbellino de tormentos, quemadas por el fuego del velo de la separación y como aserradas alternativamente por las sierras de la repulsión y la atracción.