fiebre


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Sinónimos para fiebre

excitación

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fiebre de Malta

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Sinónimos para fiebre

calentura

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Ejemplos ?
Pero no destruyó el árbol. Él fue quien quedó postrado en cama, minado por la fiebre. ¿Qué podía curarlo y ayudarle a restablecerse?
Eso no anda bien... ¿No tomaste quinina- -Tomé... No me hallo con esta fiebre... No puedo con mi hacha. Si querés darme para mi pasaje, te voy a cumplir en cuanto me sane...
Los dolores que mi brazo herido me causaban eran tan grandes, que los soldados de la escolta viendo mis ojos encendidos por la fiebre, y mi rostro de cera, y mis barbas sombrías, que en pocas horas simulaban haber crecido como en algunos cadáveres, guardaban un silencio lleno de respeto.
A veces, reteniendo en su garganta el conturbado aliento, agitado su pecho se levanta cual mar que turba desigual el viento; y a veces tenuamente respirando, toda la fiebre ahogando que le agita, en sueño dulce, misterioso y blando tranquilamente al parecer dormita: todo en ella, por fin, está mostrando que grave asunto con afán medita, y que si acaso la razón la asiste, prestarla fe su corazón resiste.
El Capitán ejecutó punto por punto lo que le decía doña Teresa, y al cabo de pocos instantes se hallaba a su lado. La pobre viuda tenía una fiebre muy alta y se ahogaba de fatiga.
Yo la veía al través de los párpados flojos, hundido en el socavón de las almohadas que parecían contagiarme la fiebre, caldeadas, quemantes.
Consunción, fiebre hética, algo que expresaba del modo más significativo la ruina de un organismo que había regalado a otro su capital.
¡Quedar en cama hasta las diez, siquiera!... En cuatro horas pasaría la fiebre, y la misma cintura no le dolería tanto... ¿Qué necesitaba, en suma, para curarse?
Porque si me preguntases qué es lo que hay en el cuerpo que hace sea caliente, no te daría esta respuesta necia, pero segara: que es el calor; pero de lo que acabamos de decir deduciría una contestación más sabia y te diría que es el fuego; y si me preguntas qué es lo que hace que el cuerpo esté enfermo, no te responderé que es la enfermedad, sino la fiebre.
Cuando de Nicosia me esperaba, donde quisiste en la gran corte verte, que a mí volvieses que con fiebre estaba de ti olvidada a pique de la muerte, supe que a Siria tu corcel andaba, lo cual golpe me fue tan duro y fuerte, que, no sabiendo rastrear tu paso, casi el pecho yo misma me traspaso.
Podeley se incorporó de pronto chorreando agua, apoyándose en el revólver para levantarse y apuntó a Cayé. Volaba de fiebre. -¡Pasá, añá!...
Y aquella quintilla que todos sabiamos de memoria en el colegio: "Mi ilusión vertiginosa castigó el Supremo Ser, porque en mi fiebre amorosa, formé imbécil una diosa de quien sólo era mujer".