fiereza


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  • sustantivo

Sinónimos para fiereza

ferocidad

Ejemplos ?
Los enemigos al ver la fiereza con la cual los MESHICAS se defendían sin saber de dónde sacaban tantas fuerzas, pactaron mejor por soportarlos y hacer que trabajaran para ellos como sirvientes.
Desde ese año, que hasta en sus últimos estertores y en su negro despecho, dibujó la fiereza y levantó puños crispados en contra de los ecuatorianos, llevamos el colapso de un luto que embargó a la Patria, como consecuencia de una dolorosa tragedia.
Tierra en donde nuestros compatriotas vertieron su sangre con su contenido de fiereza legendaria, para marcar la frontera, conmovida dolorosamente por el asalto del codicioso felón de tierras ecuatorianas.
Estaba "enmatado", como dice el llanero del toro que busca el refugio de las matas y allí permanece días enteros echado, sin comer ni beber y lanzando de rato en rato mugidos de rabia impotente, cuando ha sufrido la mutilación que lo condena a perder su fiereza y el señorío del rebaño.
Y buscando sus violencias en ella al príamo fuerte, dio al Entendimiento muerte, que era Rey de las potencias; y sin hacer diferencias de real o plebeya grey, haciendo general ley murieron a sus puñales los discursos racionales porque eran hijos del Rey. A Casandra su fiereza buscó, y con modos tiranos, ató a la Razón las manos, que era del Alma princesa.
Buscó escape la limaza en medio del débil susurro del aire, que para ella era rugido de deshecha tempestad; y al salir del centro de la tierra recordó los tremebundos espectáculos que había presenciado, y entre ellos la lucha de aquellas bestias fieras, por los nacidos no imaginada; de todo lo cual dedujo que otra que no fuera ella hubiera muerto del batacazo, o comida de aquellos monstruos o bien del susto; siendo el haber salido ilesa señal evidente de que ni en fiereza, ni en fuerza, ni en resistencia, a ella podrían compararse ni siquiera los animales antidiluvianos.
Desgraciadamente estas cualidades parecen estar muy distantes de nosotros en el grado que se requiere; y por el contrario, estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y codicia.
Como, ya en esa edad, tuviera una fiereza, unas lozanías y una beldad que ponían pálida y convulsa a cuanta hembra le mirase, quiso el padre darle estado, a fin de que le dejara, antes de marchar a la guerra, un par de nietos, por lo menos.
Y cuando, despertado por la bulla que metían en el campo, los perros con sus aullidos y los peones con sus gritos, se apresuró el sol a saltar de la cama, envuelto todavía en los violetos jirones de su colcha de nubes deshechas, y asomó la cara en el horizonte, por todos lados, vio surgir de los pajonales y de los huecos, trozos de hacienda que corrían a juntarse en el rodeo, trotando las vacas, galopando, mugiendo, balando, corneándose, dando de cabezazos a los perros, trepándose unas encima de otros, parándose a veces un toro, para hacer volar con fiereza la tierra por el aire...
El grito de los soldados de tanque: “Si no tienes el mirar del águila -así decíamos en esos tiempos-, la rapidez del rayo, la fiereza del león, y la acometividad del tigre, echa pie a tierra, no sirves para ser tanquista, y menos aún para comandar el imponente huracán blindado...” Un poco así.
Misia Blanca era bocado que despertaba codicias con su hermosura rellena, y muchos le arrastraban el ala, con cuidado, vista la fiereza del capitán.
-pronunció enclavijando los dedos, suplicante, bajando los párpados sobre las pupilas llenas de lágrimas glaciales y abismadas en memorias. Don Diego frunció las cejas. Cuando se conmovía, exageraba la fiereza del rostro. -¡Se quedará aquí!