Ejemplos ?
Me agradan las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello...
—No le hace, vamos a cruzar por aquí. —¡Mire que va a hacer una temeridad! —¡Qué temeridad, so flojo! El cebruno resbaló hábilmente en las toscas húmedas; se detuvo.
Martín Riasé del Supremo y de su antojo, pues, para tal pretender, Rosas no debía ser tan ruin, tan malo, y tan flojo; ni debía ese asesino apoyarse en el terror, ni ser tan manotiador como tacaño y mezquino.
Yo veía a Celinita en la platea, y me encantaba contemplarla, recreándome en el precioso conjunto que hacía su cara juvenil, muy espolvoreada de polvos de arroz como un dulce fino de azúcar; su artístico peinado, con un caprichoso lazo rosa prendido a la izquierda; su corpiño de «velo» crema, alto de cuello, según se estila, que dibujaba con pudor y atrevimiento la doble redondez del seno casto; pero cuando saltaba con la imaginación un lustro y me figuraba a la misma Celinita ajada por el matrimonio y la maternidad, con aquel pecho, tan curvo ahora, flojo y caído...
Y aun así no iban tras las vidas de otros, sino solamente iban tras poder vivir a duras penas; y aunque primero habían pensado en el bienestar propio, y de sus más allegados, aun así no menos estaban luchando en la batalla de la humanidad y la posteridad, atacando de la única manera que podían, y mientras todavía nadie más se atrevía a atacar en absoluto el sistema económico que tenía al mundo sujeto por la garganta, y que nunca relajaría su agarre a fuerza de palabras suaves, o mediante nada más flojo que los golpes que lo neutralizasen.
Creo que el que no apoye esto es porque es un flojo, no quiere trabajar, porque esto lo que nos va a traer es trabajo, trabajo y más trabajo, creatividad, creatividad y más creatividad.
Y tú, arco fiel, que tantas veces me has servido en mis gratos pasatiempos, no me abandones en tan terribles circunstancias; áé fuerte, por esta vez tan sólo, tú que fanzas la flecha veloz, que si flojo cayeras de improviso de mis manos, no podría dispararle otra.
Una solo orden: salgamos todos con las mangueras; desde el mirador del cuartel donde, flojo y sin viento pendía la banderita de la compañía, se podía muy bien observar los rojos humos, que cada minuto, aumentaban entre tierra y cielo.
Lo voy a llevar conmigo a última hora; y ahí está su cuartito, señorito Davy, tan vacío que no puede estar más. El viento, aunque flojo, sonaba solemnemente, rodeando la casa desierta de un murmullo de tristeza.
El frío que le palidecía parecía depositar sobre su cara una languidez más suave; el cuello de la camisa, un poco flojo, dejaba ver la piel; un pedazo de oreja asomaba entre un mechón de cabellos y sus grandes ojos azules, levantados hacia las nubes, le parecieron a Emma más límpidos y más bellos que esos lagos de las montañas en los que se refleja el cielo.
El presbítero Echegaray era, como hemos dicho, un clé- rigo libertino; pero justo es también consignar que, si en la mocedad dio no flojo escándalo, fué en la vejez austero sa- cerdote.
Y en efecto, el animal acosado por los gritos y sobre todo por dos picanas agudas que le espoleaban la cola, sintiendo flojo el lazo, arremetió bufando a la puerta, lanzando a entre ambos lados una rojiza y fosfórica mirada.