furcia


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  • sustantivo

Sinónimos para furcia

Ejemplos ?
¿Por fin has salido de la cárcel?» o «¿Qué has hecho con la furcia de ayer?» dirigido a un nuevo cliente acompañado claramente de su esposa.
A pesar de convertirse en la Séptima, la personalidad de Gerde sigue estando intacta, solo que ve todo de una perspectiva más grande, pero sigue siendo Gerde, de todas formas. Aile la describe como una "furcia" (ramera) de pelo verde.
No podía comprender qué había de malo en utilizar su poder de seducción con los muchachos que eran de su agrado para llevárselos a su lecho, aún en contra de su voluntad. Así fue como se convirtió en una furcia de pelo verde.
Españoles todos (1978). Yo, periodista (1979). La Pacheca, furcia y mártir (1982). Estamos rodeados (1988). El hombre atado (1990).
El 18 de octubre, y tan sólo unas horas antes de que se emitiese el tercer episodio, el entonces director de RTVE anunció ante el Congreso de los Diputados la retirada temporal de la serie, ante la avalancha de críticas reforzadas por una criticada zafiedad que se resumía en la frase puesta en boca por el personaje interpretado por Florinda Chico Todas las mujeres llevamos dentro una furcia dormida.
Pero tras concedérselo, y durante la celebración del mismo, Theron desacredita a la reina hablando de su adulterio y la injuria calificándola de furcia.
De su faceta como novelista, figuran algunos títulos de éxito en su momento, como Un náufrago en la sopa (1944), Todos los ombligos son redondos (1956), Yo soy Fulana de Tal (1963), Fulanita y sus menganos (1965), Réquiem por una furcia (1970) o Una larga y cálida meada (1975).
-¿De dónde vienes bárbaro, y por qué te llaman? –Jadeó la furcia complaciente, mientras Grignr avasallaba sus labios con el toque ardiente de su boca en llamas.
¡Ay! DOLMANCÉ, metiéndole la aguja profundamente en las carnes: ¡Cállate, furcia, o te pongo las nalgas como mermelada!... ¡Eugenia, menéamela!...
Tapices de seda azul real ricamente colgada cubrían todas las paredes de la cámara, mientras que los escalones que llevaban al trono estaban forrados de marfil blanco brillante. El hombre del trono tenía a una furcia desnuda sentada en cada brazo, y un consejero de confianza sentado en su espalda.
¡Ah! Que la tierra se hunda a mis pies si me veis ablandarme, sean cuales fueren los horrores a que condenéis a esa furcia... Querido amigo, encárgate, por favor, de dirigir todo esto.
Los aullidos patéticos del chamán que se arrastraba en su triste miseria sobre el pavimento de granito hecho a mano y pulido tras innumerables horas de arduo sudor y trabajo, con icor que fluía de entre sus manos apretadas, atrajo la atención purturbada de sus camaradas de entre sus fétidas lulaciones. Las acciones de esta furcia rebelde expresaban definitivamente un sacriligio inaudito.
Ella se dejó llevar sin resistencia, enroscando sus suaves brazos alrededor de la rugosa pielbroncínea de los omóplatos nervudos de Grignr, mientras éste acariciaba con sus manos encallecidas sus bustos firmes y protuberantes. -Haces bien el amor furcia –admitió Grignr mientras alcanzaba la jarra de vino potente que su adlátere había estado tragando.
-Apártate bufón, la furcia me pertenece; —balbuceó un soldado borracho, demasiado consumido por las influencias de su viril brebaje como para darse cuenta del superior tamaño de su adversario.
Verse negado para siempre nuevos vistazos de las cumbres nevadas del país que lo vió nacer, nunca poder experimentar la emoción de saquear tierras sin explorar más allá de la cresta de un horizonte ensangrentado, y quizá lo peor de todo la negativa a volver a encontrar la lujuriante excitación de acariciar las curvas desnudas del cuerpo de una flexible y goven furcia.
El bárbaro se sentó sobre un taburete al lado de la furcia, exponiendo su cuerpo, desnudo excepto por un taparrabos que blandía un largo espadón de acero, un férreo yelmo de combate espirulado, y una sandalias de grueso cuero, a su vista.
Quizá seas colgada, supliciada, descuartizada, atenazada, quemada viva; la elección de tu suplicio depende de tu hija: es ella la que ha de pronunciar tu condena. Pero sufrirás, ¡furcia!
- 5 - -Al altar y acabando, furcia; –orden­ó un cham­án tembloroso mientras le daba a la hembra una dura mirada acompañada de unos labios arrugados en una alegre sonrisa de placer.