Ejemplos ?
El otro, el verdadero Napoleón, si hubiese sido un poco romántico, se habría también enamorado de ella y llevándola a París la habría dejado irradiar sobre Francia su genial encanto femenino, pero hubiese, a la vez, impedido sus intervenciones políticas.
Todos los machaleños están en comandita genial luchando en lides maravillosas, buscando nuevos laureles, con nuevos pensamientos y patrióticas acciones virtuales y ardorosas.
Jamás conseguí averiguar cuáles fueron los primeros pasos de Pepona: cómo debutó en la carrera hacia la cual sentía genial vocación.
Sin embargo en la noche que siguió a Valmy, el genial Goethe que había asistido como testigo presencial a ese encuentro...
No somos de esos librepensadores que no quieren que los demás piensen libremente, sino á condición de que han de pensar como ellos piensan; pero, en medio de nuestro genial espíritu de tolerancia, no transigimos con farsas absurdas como las excomuniones, con la tiranía que sobre la conciencia se ejerce eu el confesonario, con instituciones, como el jesuitis- mo, adversas al progreso social, y mucho menos con la sub- sistencia de esas asociaciones llamadas conventos de frailes y monjas, asociaciones que, en nuestros días, carecen de razón de ser.
El ser humano se diferencia de los demás seres vivos por su gigantesco potencial creativo que cuando rebasa los esquemas convencionales suele parecer genial.
Después se va con su amigo estudiante a París, donde un buen día encuentra a Panurgo (del griego PANERGON: el que está siempre pronto a hacer de todo, pero en este caso, preferentemente el mal), tipo de vagabundo genial y pintoresco que conoce varias lenguas, incluso el griego y el hebreo, alegre y hablador; cobarde y bravucón y que se cuenta entre las más interesantes y animadas figuras de Rabelais: “Sabía sesenta y tres maneras de hallar siempre dinero de acuerdo con su necesidad, de las que la más honrada y fácil para él, era el hurto; malo, tramposo, borracho, callejero, vagabundo de los más meritorios de París.
Vamos, pues, a hacer crónica, que parecería novela a no mediar en la historia del caudillaje criminal americano un documento tan genial como el Facundo de Sarmiento.
-¿Qué quiere usarced, mi señora doña Baltasara? -decía la una-. Yo soy de este genial. Cada loco con su tema... Me lo habían de asegurar capuchinos descalzos y no lo creería del todo...
Cultivaba el verso y burilaba la crónica periodística con la iluminación genial de su galantería académica, haciendo cátedra del 'bien decir en todas las páginas en donde corría su pluma.
Y al izar este Emblema Patrio, con el himno de estas páginas orenses, que corean; el nombre de los CAÑARIS; el Pueblo del AUSTRO ECUATORIANO, ve brillar en su frente la luz de la genial herencia racial, y en el pecho, el vigor y la pujanza de su porvenir, trazado con la cultura y las rebeldías de una raza, que dejó rayada la tierra, las líneas imborrables de sus monumentos y de sus regueros de sangre viril y tradicionalmente guerrera y sacrificada en la hoguera que atizaba la laboriosidad incansable de su tierra, que al mismo tiempo la defendían con pasión sus derechos inalienables.
Muy importante también es el hecho de que la fantasía onírica no copia los objetos en su absoluta totalidad, sino tan sólo su contorno, aun éste con la mayor libertad. Sus creaciones plásticas muestran de este modo algo de inspiración genial.