Ejemplos ?
El fiscal, que acababa de llegar hambriento, anonadado por sus derroches de elocuencia que enviaban gente a presidio, abrazaba a su mujer, y ambos reían y gritaban como unos locos en tomo de la niñera, que mantenía en sus brazos al tirano de la casa, al único señor, a Pillín, un granuja que apenas tenía un año y a quien bastaba un leve grito para que los padres palideciesen de inquietud y las criadas corriesen aturdi­das, no sabiendo cómo cumplir a un tiempo tantas órdenes contradicto­rias.
-¿Y quién era el granuja, y qué se propuso con abandonar a la señorita Sutherland? No había apenas salido de mi boca la pregunta, y aún no había abierto Holmes los labios para contestar, cuando oímos fuertes pisadas en el pasillo y unos golpecitos a la puerta.
Y para demostrar su fuerza, en menos de un segundo dió dos o tres coletazos, con la aviesa intención de pillar desprevenido al esparrelló, y con tanto empuje, que si lo alcanza lo revienta. Pero el granuja se echó a un lado oportunamente, amoscado por tan villanas caricias.
Pepeta retorcíase con epilépticas convulsiones entre los brazos de varios vecinos; avanzaba sus uñas de fiera enfurecida, y no sabiendo llegar hasta el Menut, le escupía a la cara siempre los mismos insultos con voz estridente, desgarradora, que despertaba a todo el barrio: -¡Lladre! ¡Granuja!
El muy granuja acababa de saltar desde el interior de la agalla y se pavoneaba ante el hocico del cansado reig, como si hubiera llegado mucho antes.
Las lámparas las empaquetamos, y como la casa de Lucio es la que está más cerca, puede llevárselas. El granuja barbotó: —¡Mierda!
Tanto creció esta obsesión aquella tarde, que de pronto creyó que un granuja de chaleco y rayas rojas y amarillas que estaba en la puerta del hotel examinándole descaradamente, era el espía del «millonario melancólico y taciturno».
El mucamo, un granuja picado de viruelas con delantal azul, me precedía, arrastrando el plumero, cuyas plumas desbarbadas barrían el suelo.
El padre Cappa se exhibe en esta parte de su compendio co- mo el granuja á quien pregunta el juez el por qué ha robado un terno de ropa en una sastrería.— Ya se sabe que aquél contestará que lo hizo para poder presentarse vestido con al- guna decencia ante el juzgado.
l no sabía si Tell Aviv era un granuja o un doctor en magia, pero lo único que él sabía era que debía apartarse para siempre de Lucía.
Pero si hay algún granuja entre nosotros debe de ser aquel que cuenta una historia que no puede probar –hizo una pausa y añadió, con más seriedad–: si entiendo tu jugada, intentas aprovecharte de algunas habladurías maliciosas sobre mi familia y en especial sobre la repentina muerte de mi padre, para estafarme el dinero y quizá desacreditarme, insinuando que ya he recibido la renta que reclamo.
-le dijo, como tenía por costumbre, así que le tuvo a su lado. El señor, contra las presunciones del granuja, pasó de largo, echándole una bocanada de humo de su grueso cigarro.