Ejemplos ?
350 y si alguno disentía paradojo o avisado, no se atrevía a proferirlo, temiendo que, por extraño, su dictamen no incurriese, siendo de todos contrario, en la nota de grosero o en la censura de vano.
Yo he visto en algunas exposiciones el modelo de la primera locomotora que corrió sobre los carriles y la última forma de las máquinas modernas, gigantescas como catedrales movibles de acero; he visto un facsímil del primer barco de vapor ideado por Fulton, en el que un grosero mecanismo movía los remos, y he visitado acorazados de muchos miles de toneladas, con sus cuádruples chimeneas que dan impulso a veloces turbinas.
Pero este espectáculo, si bien en los salones de la ciudad era de buen tono ante una escogida y culta concurrencia, delante de un populacho grosero y sobre la yerba de un prado de Cueto o de Miranda, se prestaba a mil inconvenientes, el menor de los cuales era el ridículo.
Alucinado el oído como la vista, Paulino escuchaba el murmurio de la muchedumbre, más grosero en las localidades altas, más cínico en las bajas, y fijándose espectador por espectador, sorprendía en las pupilas la chispa codiciosa, y en los labios péndulos de los vejetes la baba impura, y el guiño significativo trocado de butaca a butaca, y las palabrillas picantes susurradas a media voz...
Tú conoces a Casa-Morán y las incongruencias que se permite. Un tío grosero, un andaluz de caja de pasas. A la primera incongruencia, John frunció el ceño; a la segunda, torció el gesto y se puso más serio que nunca; a la tercera..., ¡buenas noches!
Y todo va desta manera: que confesando yo no ser mas santo que mis vecinos, desta nonada, que en este grosero estilo escribo, no me pesara que hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella algún gusto hallaren, y vean que vive un hombre con tantas fortunas, peligros y adversidades.
Mira la fiera borrasca que pasa en el mar del pecho, donde zozobran, turbados, mis confusos pensamientos. Mira cómo ya el vivir me sirve de afán grosero; que se avergüenza la vida de durarme tanto tiempo.
Entonces los franceses nos decían, por boca de su oráculo Boileau: Allá, un coplero, al otro lado de los Pirineos, sin peligro de que le silben, acumula en un día, sobre la escena, años enteros; allá, el héroe de un espectáculo bárbaro, grosero y tosco, suele aparecer niño en el primer acto y anciano en el último.
Pensar que al fin era ley Imposible de evitar, La existencia abandonar Lo mismo el patan que el Rey; Y pensar que un grosero Sayal áspero enterrado, Habia de ser pateado Por algun sepultero; (208) Era un pensamiento cruel Que afanado le traia, Y apechugar no podia El Estremeño con él.
Cuando llegué aquí y quise entrar en mi nido, me encontré en él, muy arrellenado, a un desvergonzado gorrión. «Este nido es mío», le dije. «¿Tuyo?», me contestó el muy grosero echándose a reír. «Mío y muy mío».
Si por eso lo hacéis, yo más querría tosca verdad, que falsa cortesía. GARCIA. Si es la verdad grosera, soy grosero. ANARDA. Basta, mirad que el Príncipe me ama.
Junto a aquella puerta, arrebujado el cuerpo en un mantón de puntas, con un pañuelo de seda caído sobre los ojos, la cara pintarrajeada y el ademán grosero y desenvuelto, había una mujer, una mercenaria del arroyo, una de esas mercenarias del vicio que se venden en la sombra, como temerosas de que la luz, mostrando sus miserias, disminuya su precio; una de las muchas víctimas que el hambre, la ignorancia y el abandono arrojan en medio de la calle, y que mendigan un pedazo de pan cuando brindan con placeres al transeúnte.