Ejemplos ?
7 Sea pues con vosotros el temor de Jehová; guardad y haced: porque en Jehová nuestro Dios no hay iniquidad, ni acepción de personas, ni recibir cohecho.
26 Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis derechos, y no hagáis ninguna de todas estas abominaciones: ni el natural ni el extranjero que peregrina entre vosotros.
30 Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo de las prácticas abominables que tuvieron lugar antes de vosotros, y no os ensuciéis en ellas: Yo Jehová vuestro Dios.
8 Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis esforzados, y entréis y poseáis la tierra, á la cual pasáis para poseerla; 9 Y para que os sean prolongados los días sobre la tierra, que juró Jehová á vuestros padres había de dar á ellos y á su simiente, tierra que fluye leche y miel.
18 Ejecutad, pues, mis estatutos, y guardad mis derechos, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros; 19 Y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta hartura, y habitaréis en ella con seguridad.
Y el hijo de Maya, Hermes, cubriéndole de tinieblas, le lleva a su objeto sin más tardar. ELECTRA: ¡Oh, queridísimas mujeres! Los hombres van a llevar a cabo su obra, guardad silencio. CORIFEO: ¿Cómo?
Compañeros de armas; guardad silencio, orden, subordinacion, y disciplina: sed humanos con los rendidos, jurad vencer, ú morir por Fernando 7° nuestro cautivo rey, y por las españas, y estad ciertos que triunfantes de nuestros enemigos, recibireis las bendiciones de este benemerito pueblo, los premios de la Regencia del reyno; y las demostraciones mas finas del amor de vuestro apasionado general.
- ¡Pues muy bien! Partamos -dijo el príncipe-; cerrad bien la puerta y guardad la llave. La mujer no tenía ninguna gana de regresar allí y no quería la llave; pero por agradar al rey cerró bien su puerta.
7 Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. 8 Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra: Yo Jehová que os santifico.
19 Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis ordenanzas, y guardad mis derechos, y ponedlos por obra: 20 Y santificad mis sábados, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios.
dejadme morir, y en el sepulcro »guardad con ella al infeliz marido!» Cual herida del rayo, cae la hija en súbito desmayo, hasta que el desmedido dolor recobre a un tiempo el sentido: el hijo allá en el sacudido lecho se revuelve demente, por los sollozos ahogado el pecho, ni de la tierna, hermosa enamorada esposa la voz escucha o la caricia siente: aquí la hija pequeña, que, como en su inocencia no creía que su adorada madre se moría, ayer no más mostrábase risueña, hoy que el horror de la verdad comprende, de dolor enloquece y desvaría: y «mi madre me llama», súbitamente exclama, «¿Dó está, decidme, dónde?» Y se pone a imitar la voz materna, y ella misma a sí misma se responde, y en coloquio infantil que el alma parte llanto con risa la infeliz alterna.
15 Si me amáis, guardad mis mandamientos; 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros.