Ejemplos ?
¡Son los hombres ahora como ciertas damiselas, que se prendan de las virtudes cuando las ven encomiadas por los demás, o sublimadas en sonante prosa o en alados versos, mas luego que se han abrazado a la virtud, que tiene forma de cruz, la echan de sí con espanto, como si fuera mortaja roedora que les comiera las rosas de las mejillas, y el gozo de los besos, y ese collar de mariposas de colores que gustan de ceñirse al cuello las mujeres!
-gritó el prófugo al sentirlo cerca. -¡Esos son los que me gustan!, le dije, y lo levanté en peso con mi lanza. En realidad, no creyó que fuera Saldanha.
El señor Hermenegildo no llegó a tocarlos siquiera; quedóse mirando con expresión conmovida al señor Paco, y... -Asín me gustan a mí los hombres; me han embragao ustés er corazón.
- gritó Alicia apresuradamente, temiendo haber herido los sentimientos del pobre animal-. Olvidé que a usted no le gustan los gatos.
Estarán orgullosos de que me case con el dios de los turcos. Pero mira de recordar historias bonitas, que a mis padres les gustan mucho.
-Son tres bonitas escobas -contestó el otro-. Me gustan, qué quieres que te diga; yo soy así de extraño. Y prosiguieron un buen trecho.
-El sabor a quemado lo quito con carbón -respondió la mujer-, y, cuando tú estás enfurruñado, lo arreglo con un besito. Creería una que no piensas sino en coles y patatas, y, sin embargo, bien te gustan las flores.
EL PRIMERO: Pero hay muchos que te admiran, que hicieran de buena gana contigo amistad, y me honran con la suya noble y franca. EL SEGUNDO: Sí, sí, Federico mío, a ti te harán mucha gracia tus amigos, mas ¿qué quieres?, a mí no me gustan nada.
Uno dá la preferencia A una ponderosa lanza, El otro en vez de puñal Usa de tajante espada. Unos gustan á pié firme Ver la fiera y esperarla, Otros juzgan mas alegre Vencerla tras de cansada.
Le pedimos al pueblo que no se impaciente porque nosotros vivimos llenos de impaciencia. Somos hombres de trabajo, somos hombres de acción y nos gustan los hechos más que las palabras.
Es más, no sólo no le gusta leer, no le gustan los libros ni siquiera en calidad de cosa, ni para no leerlos ni para nada, vamos, ni para prótesis de la cama que se rompió una pata.
Sólo me gustan crudos”. Le dio un huevo muy fresco; hizo un agujero, tomó una pluma de oca y lo untó en un gran trozo de pan. “¡Eh!, le dijo el patrón, pero tú tomaste demasiado!