Ejemplos ?
52 Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas, y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre.
Ve, no obstante; convence a Cloe, y haz que Cloe convenza a su padre, a fin de que no pidan mucho y te la den. Ella te ama, y sin duda gustará más de acostarse con un buen mozo pobre que no con un jimio rico.» 27.
¡Hoy tengo todavía que hacer! SONIA. -¡Seguro que te gustará el campo forestal! (Salen ELENA ANDREEVNA, SEREBRIAKOV y SONIA. TELEGUIN se acerca a la mesa y se sienta al lado de MARINA.) VOINITZKII.
El buen juicio de Nuestra Señora, la Virgen. Una obrita que os gustará, señoritas y con moraleja al final. Entonces, ¿va a ser diferente?
-exclamaron los platos-. Sin duda, esta historia nos gustará. -...pasé mi juventud en el seno de una familia muy reposada; se limpiaban los muebles, se restregaban los suelos, y cada quince días colgaban cortinas nuevas.
Pero creo que ni cuando esto sea una realidad, me gustará visitar aquella región por la noche..., al menos, no cuando brillan en el cielo las siniestras estrellas.
-El mío es el vuestro mismo -replicó don Antonio-; y así, aunque sea desconocido y desde lejos, os tengo de seguir, que la señora Cornelia sé que gustará dello, y no queda tan sola que le falte quien la sirva, la guarde y acompañe.
-¿Quieres que vayamos a la ópera, papá? Allí hay muy bonitas decoraciones y eso le gustará a mamá. -Te diré, Pepita: la ópera no es híbrida, pero...
-Es que el doctor Strong -repuso Agnes por fin- ha puesto por obra su proyecto de retirarse y ha venido a establecerse a Londres, y sé que le ha dicho a papá si no podría proporcionarle un secretario. ¿No te parece que más le gustará tener a su lado a su antiguo discípulo mejor que a otro cualquiera?
-No. -¿Irá usted pronto? ¡Le gustará tanto! Mi fisonomía expresó un profundo sufrimiento. No podía resignarme a pensar que esperaba verme marchar a París, que suponía que podría tener siquiera la idea de ir.
Y al verse labrantías, sin pieles que surcar, sin altas cabelleras que escalar, sin ojos soñolientos que cerrar, sonrieron taciturnas sus diurnas soledades y volvieron a esperar los días de las liviandades. BALSA Ven... te gustará mi silencio pasajero en un segundo cuando brota el fuego... Ven...
Voy enseguida a ofrecerle mis respetos. Quizás le gustará tener un sitio en el recinto, bajo el peristilo. Y sin escuchar a la señora Lefranrçois, que le llamaba de nuevo para contarle más cosas, el farmacéutico se alejó con paso rápido, la sonrisa en los labios y aire decidido, repartiendo a derecha a izquierda muchos saludos y ocupando mucho espacio con los grandes faldónes de su frac negro, que flotaban al viento detrás de él.