habitación


También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • sustantivo

Sinónimos para habitación

Sinónimos para habitación

Ejemplos ?
Hay que tener más valor y decir que sólo es mi cuerpo lo que entierras y entiérralo como te plazca y de la manera que juzgues más conforme con las leyes. Sin añadir una palabra más se levantó y pasó a una habitación inmediata para bañarse.
Sabrás, si de amor sabes, de qué estado quedé yo en él pensando noche y día; mas cierta de que dentro de mi amado la misma llama habitación hacía.
Cuando penetró Joseíto en la habitación y vio a Rosario sentada en la mecedora, luciendo parte del brazo de intensa blancura y ceñido en la muñeca por anchas pulseras doradas; cruzadas las piernas de modo que dejaba ver el nacimiento de la pantorrilla que amenazaba hacer estallar la finísima media, y que ponía de relieve la magnífica redondez del muslo; libre la redonda garganta que ceñía un collar dorado, cuyos dijes reposábanle sobre la retadora curva del arrogante seno; cuando vio de aquel modo Joseíto a la Carabina, sintió algo que se le ponía sobre el corazón, y, tras algunos instantes de silencio y de mirar a Rosario como un náufrago la playa, exclamó trémulo y emocionado: -¡Ay, comadre de mi vía!
-Eso es una charraná -balbució roncamente el Carambola, colocándose de cualquier modo el sombrero y dirigiéndose en casi trágica actitud hacia la puerta de la habitación.
Mirando a través de los cristales vimos árboles plantados en el centro de una acogedora habitación, adornados con los objetos más preciosos: manzanas doradas, pastelillos, juguetes y centenares de velitas.
Ahora ya estoy tan crecido y desarrollado como los que se llevaron el año pasado. Quisiera estar ya en el carro, en la habitación calentita, con todo aquel esplendor y magnificencia.
Joseíto se incorporó bruscamente, y cuando aquél penetró en la habitación: -No puées tú figurarte lo que me alegro de verte -le dijo-, poique es que yo ya no pueo seguir asina ni una horita más; yo necesito ver a mi Rosalía o que mi Rosalía se venga, y, sobre to, que con eso de mi Rosalía to lo veo yo una miajita turbio, y sa menester que tú me platiques la verdá y que me digas si es que mi jembra está más peor, poique pa mí que tiée que estarlo, cuando ella no se ha arrancao ya por carceleras y se ha vinío a mi querencia.
La señora Catalina entraba y salía procurando huir del tremendo espectáculo; la Florina y Antonia la Salpullío gimoteaban secándose los ojos con el pico del delantal; en el umbral de la habitación, algunos vecinos piadosos fumaban en la antesala esperando el fatal momento y entreteniendo la lúgubre espera poniendo orden en la marcha del Gobierno y dando solución a los más grandes conflictos internacionales.
Y el seminarista leyó y la mujer escuchó, y escuchó también el duendecillo. Estaba al acecho, como bien sabes, y acababa de deslizarse en la habitación cuando el seminarista leyó en alta voz el título.
La señora Pepa penetró en la habitación, sobre el encallecido pelo amplio pañuelo de hierbas anudado en la frente, en la mano la escobilla de blanqueo y algunos manchones de cal en el rostro y en los renegridos brazos, que dejaban ver las arrolladas mangas de la chaquetilla.
A la mañana siguiente volvieron a entrar las prendas en la habitación; el dueño se las puso y se marchó, pero el chelín se quedó atrás.
El reloj de Bornholm, heredado de sus padres, estaba en un rincón, pero las pesas de plomo no subían ni bajaban, ni el péndulo se movía; el cuclillo, que antaño salía a anunciar las horas, llevaba ya varios años encerrado, silencioso, en su casita. Todo en la habitación permanecía callado y mudo; el reloj no andaba.