hacendoso

(redireccionado de hacendosa)
También se encuentra en: Diccionario.
  • adjetivo

Sinónimos para hacendoso

Ejemplos ?
o esperaba, por cierto, Paco el Churumbela la acogida que iba a tener, y riente y satisfecho, como hombre a quien la dicha sonríe perpetuidad, penetró gallardamente en su cubril, arrojó también gallardamente el sombrero sobre la cama, que incitaba al reposo con su tersa superficie, su colcha limpísima y sus nítidas almohadas, y tras dejar escapar un suspiro de satisfacción al encontrarse en aquel su nido, que hablaba muy alto de las dotes de mujer pulcra y hacendosa que adornaban a Rosario, sentóse en la vieja mecedora donde solía dormir sus siestas en las tardes calurosas del estío.
¡Dios mío! ¡Cómo es posible que una madre de familia tan fiel y hacendosa se haya manchado con tal vergüenza! No, lo juro por la diosa Ceres; lo he visto y todavía no creo semejante escándalo.» Excitada por las palabras de su marido, picose la curiosidad de la molinera; no paró de aturdirle para que le explique punto por punto toda la historia sin dejar detalle alguno.
Y Ester, de suyo tan hacendosa y ordenada, tan pulcra, tan fanática por el aseo, como buena medellinense, estaba ahora más exagerada con aquella vivienda tan cómoda que Alberto había hecho refeccionar con todo el lujo y las invenciones modernas.
Había que ver al rico mercader de harinas y a su señora la hacendosa doña Marcela, cada cual por su lado, y sucesivamente, hacer las delicias de sus convecinos, con unos gorgoritos y unos suspirillos cantados que daban gloria.
Los símbolos de las primeras creencias quedan ahí en su inmaculada hermosura, como queda la doncella de los primeros amores en la mujer propia, en la hacendosa ama de casa, en la buena madre, en la próvida nodriza, en la prosaica, pero fecunda compañera de la vida, cuyos oídos no escuchan ya la serenata al pie de la reja ni el suspiro del amor confiado al aire de la noche, porque ha pasado de las ilusiones a las realidades y ha cumplido su destino anunciando en el crepúsculo de la juventud con albores teñidos de encantadora poesía.
Había vez y vez una hormiguita tan primorosa, tan concertada, tan hacendosa, que era un encanto. Un día que estaba barriendo la puerta de su casa, se halló un ochavito.
Por la reja abierta de par en par penetraba como un torrente de luz de oro llenando de tonos risueños la estancia y abrillantando los muebles, que, si humildes, delataban la índole pulcra y hacendosa de su gentil propietaria.
¡Quién fuera la canaria de ese canario!» Ella, una linda muchacha de veinte primaveras muy lozanas, limpia como onza de oro luciente, hacendosa como una hormiga y hembra muy mucho de su casa y de su marido, a quien amaba con todas las entretelas y reconcomios de su alma.
Era doña Beatriz una viudita que se aproximaba a los treinta, recatada y hacendosa, sin hijos ni cojijos, codiciable de rostro y de cuerpo y con bienes que le aseguraban una renta de mil pesos al mes.
Busquemos, pues, á la genuina cordobesa donde no tengamos necesidad de profundizar ó de eliminar para hallarla: busquémosla en la lugareña, ya sea rica, ya pobre, ya señora, ya criada. La lugareña es en extremo hacendosa.
Y cuando artificiosa con átomos de barro apresta el nido, te muestra lo que puede, niña hermosa, el trabajo constante y repetido de la que es diligente y hacendosa.
Doña Mercedes era una criolla varonil, de buena pasta, hacendosa, matera como la mejor, que tenía delirio con los ombúes, pues aunque primos hermanos de tantos otros tan frondosos como aquellos que se alzaban en lo de Seco, Masini, Oficial Real, Árraga, Grajales, etc., tenían, como ninguno, el mérito de servir de marco oficial de la legua.