Ejemplos ?
Es y ha sido un privilegio, el haber llegado aquí recorriendo ese ámbito urbano, uno de los más hermosos del mundo, que ha sabido crear, bajo la inspiración del Gobernador Flavio Romero de Velasco, el genio de los arquitectos y los artistas jaliscienses.
Luisa, aquien el poeta cantar no sabe como a hermana te miren la flor y el ave. Como ellas seas: cual los de ellas hermosos tus días veas.
El Capitán abrió sus hermosos ojos; miró a Angustias muy fríamente, y volvió a cerrarlos, diciendo con mayor lentitud: -¡Yo no deliro nunca, señorita!
Pero, como ya lo he dicho, es más difícil de comprender: por una parte se dice que es preferible amar a los ojos de todo el mundo que amar en secreto y que se debe amar con preferencia a los hombres más generosos y virtuosos, aunque sean menos hermosos que los otros.
Los paisajes más hermosos, al reflejarse en el espejo, parecían espinacas hervidas y las personas más buenas tomaban el aspecto de monstruos o se veían cabeza abajo; las caras se retorcían de tal forma que no era posible reconocerlas, y si alguna tenía una peca, ésta crecía hasta cubrirle la boca, la nariz y la frente.
Ya hacía tiempo que luchaban soportando dolorosas fatigas enfrentados unos contra otros a través de violentos combates, los dioses Titanes y los que nacieron de Cronos; aquéllos desde la cima del Otris, los ilustres Titanes, y éstos desde el Olimpo, los dioses dadores de bienes a los que parió Rea de hermosos cabellos acostada con Cronos.
He tenido el privilegio de ver un retrato de ella que la pinta como una niña de encanto sin par, cuyos hermosos cabellos, tez deslumbrante y piel marfileña reunían la perfección de una Hebe de la Antigüedad.
Dinamarca De Dinamarca hay más de una saga bella, No cargue Dios la mano sobre ella. -Muchos encontrarán hermosos estos versos -observó el gallo- pero yo no.
Ésta parió a la veloz Iris y a las Harpías de hermosos cabellos, Aelo y Ocípeta, que con sus rápidas alas compiten con las ráfagas de los vientos y con las aves; pues ya se lanzaban por los aires.
La habitación de Emilia estaba impregnada de perfume de flores, obsequio de amigos y amigas; sobre la mesa yacían hermosos presentes de felicitación y recuerdo, pero no había ni uno solo de Jorge, aunque no era necesario, pues la casa se acordaba de él.
No advirtió en su corazón que, a cambio de la piedra, se le quedaba para el futuro su invencible e imperturbable hijo, que pronto, venciéndole con su fuerza y sus propias manos, iba a privarle de su dignidad y a reinar entre los Inmortales. Rápidamente crecieron luego el vigor y los hermosos miembros del soberano.
El que quiera llegar a este fin por el camino verdadero debe empezar a buscar los cuerpos bellos y hermosos desde su edad temprana; si está bien dirigido debe también, además, no amar más que a uno solo y engendrar bellos discursos en el que haya elegido.