ir

(redireccionado de idas)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo
  • pronominal

Sinónimos para ir

dirigirse

Sinónimos

  • dirigirse
  • encaminarse

marcharse

Sinónimos

  • marcharse
  • levantar la casa
  • andar con el hato a cuestas
  • ahuecar el ala
  • alzar el vuelo
  • cambiar de aires

Sinónimos para ir

Ejemplos ?
(Atrevióse Idas a armar el arco contra Febo Apolo, para recobrar la esposa que el dios le robara; y desde entonces pusiéronle a Cleopatra sus padres el sobrenombre de Alcione, porque la venerable madre, sufriendo la triste suerte de Alción, deshacíase en lágrimas mientras el flechador Febo Apolo se la llevaba).
Ya me apesta lo del cambio de tarjetitas y la farándula de los padrinos con sus idas y venidas, y la farsa de los sables romos, y el sueltecillo de cajón: «Anteayer, jugando con unos sables, recibió un arañazo en una bota el distinguido joven Periquito de los Palotes...» Pleca, y luego: «Ha quedado honrosamente zanjada la cuestión surgida entre Periquito de los Palotes y Juanito Peranzules...» ¡A freír monas!
Sucedió que una tarde, se dejó estar con Baraja, en el campo, algo más que de costumbre: cautivado probablemente por las idas y venidas de toda una familia de cuises, que soñaba de tomar vivos; y cuando volvió a la estancia, de noche casi cerrada, se encontró, en el palenque, con su verdugo esperándolo; y ni las suplicaciones del muchacho, ni las preces de doña Baldomera, ni las miradas de humilde reprobación del capataz, impidieron la tormenta de resolverse en los hombros del Guacho, en brutal lluvia de rebencazos.
2º 2º: veen la piedra alzada y al ángelo que dice: (A Jesú nazareno buscáis; ya es resucitado, no está aquí). 3º 3º: aparesció a María, la qual se quedó cerca del sepulchro, después de idas las otras.
Los guardias se pavoneaban en idas y venidas cuidando sus rebaños de brutos; llevaban uniformes impecables o vestían los trajes de Domingo; sabíamos dónde habían estado: la cal viva manchaba sus zapatos.
En una palabra, aunque tuvimos mucho cuidado para que no trabajara más de lo razonable, y aunque no se había puesto a trabajar al principio de la semana, para el sábado había ganado diez chelines y nueve peniques, y no olvidaré nunca sus idas y venidas a todas las tiendas de la vecindad para cambiar su tesoro en monedas de seis peniques, que trajo después a mi tía en una bandeja, donde las había colocado en forma de corazón; sus ojos estaban llenos de lágrimas de alegría y de orgullo.
Porque si el platónico Porfirio no quiso seguir la opinión de los suyos acerca de estas revoluciones, idas y venidas alternativas de las almas sin cesar un momento, ya fuese movido por su propia vanidad, ya lo fuese por tener algún respeto a los tiempos cristianos, y quiso mejor decir (según insinúo en el libro X) que el alma fue entregada mundo para que conociese los males, y librada y purificada de ellos, cuando volviese al Padre, no padeciese ya semejantes mutaciones en su estado, ¿cuánto más debemos nosotros abominar y huir de ésta falsedad contraria a la fe cristiana?
Muchas veces hay dificultades, contramarchas, idas y vueltas, pero lo importante es saber - y quiero decírselos de corazón - que en todos y cada uno de los momentos difíciles, tal vez como a ningún presidente en estos dos años me han tocado vivir, cada una de las decisiones que he tomado la tomé con la convicción de que estaba haciendo lo mejor para todos los hombres y mujeres que viven aquí en mi patria.
Verdad es que la misma historia de la Filosofía nos ofrece ejemplos de grandes pensadores muy activos, muy metidos en el mundanal trasiego, como, verbigracia, Platón, con sus idas y venidas a Sicilia, sin contar otras idas y venidas, y su discípulo y rival Aristóteles, que no fue peripatético solo en su escuela de Atenas, sino recorriendo mucha tierra y viendo y haciendo muchas cosas.
La dirección en que las condensaciones del sueño se propagan se halla determinada, en primer lugar, por las relaciones preconscientes correctas de las idas latentes, y, en segundo, por la atracción de los recuerdos visuales dados en lo inconsciente.
Un tibio añico de alboradas idas nos amortaja las veredas fatuas que pretendieron construir guadañas para atajar la mortandad de espigas.
Y por la boca de mengano entraba el grano color de oro o la gota de agua diamantina. Gran regocijo era para Manolo contemplar aquellas idas y venidas.