insultar


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Sinónimos para insultar

Sinónimos para insultar

injuriar

Ejemplos ?
Cobraba los intereses a toca-teja, sin embargo, merced a su fuerza de voluntad, a su constancia en el pedir y a la pequeñez de las cantidades que tenían que entregarle sus deudores. Por cobrar una peseta de intereses daba tres vueltas al mundo, y abrumaba al deudor con su presencia, y se dejaba insultar.
Este desorden ha aumentado los males de la América, inutilizándole los recursos y reclamaciones, y autorizando la impunidad de los gobernantes de España para insultar y oprimir esta parte de la nación, dejándola sin el amparo y garantía de las leyes.
Envuelto en un fluido ardiente y luminoso, rodando entre mares de colores y sonidos, su alegría y su gloria aprecian insultar mi terrible poder.
Seturas, a pesar de su afición, que era tal que le obligaba con frecuencia a negarse a hacer la partida a los jugadores de naipes y de bolos, no había formado una opinión política sobre un cuerpo más o menos sólido de doctrinas: en su afición era ciego y testarudo, y estaba tan encarrilado en la senda del periódico, que hubiera creído insultar la razón dudando una sola vez de sus declamaciones.
La antipatía entre dos naciones las predis­pone con mayor facilidad a insultar y agraviar, a ser altivas e intratables cuando sobreviene alguna disputa, por leve que sea.
El sabio laborioso para seguirte se fatiga en vano, y más allá del invisible Urano ve abismarse tu carro misterioso; ¿El influjo del sol allá te alcanza, o una funesta rebelión te lanza a ilimitada y férvida carrera? Bandido inaquietable de la esfera, ¿Ningún sistema habitas, y tan cerca del sol te precipitas para insultar su majestad severa?
¡Ellos creerse poetas, llamarse doctos e insultar de esa manera a los verdaderamente sabios, a su nación y a mí, que los he despreciado siempre por no destruirlos!
El que no cueste sangre ni cueste errores. Matarme a mí para contentar a un dios, en que Sócrates no creía, es ofender a Sócrates, insultar a los Dioses verdaderos...
y al cabo, viejo, desengañado, hasta con remordimientos por haber creído y predicado tanto aquella religión de la salud a la fuerza y a costa de oro, confesaba con rabia de condenado la impotencia de la riqueza, la inutilidad de las invenciones humanas para impedir las enfermedades necesarias y la muerte. De tarde en tarde, y como por el placer de ir a insultar a las engañosas drogas, en su casa, cara a cara, se presentaba D.
Una clase de entes no va a estas funciones: esa bandada de sentimentales que han pasado el Bidasoa, que en sus aguas, como pudieran en las del Leteo, se despojaron de todo lo español que llevaban, y volvieron a los dos meses, haciendo ascos de su antiguo puchero, buscando la calle en que vivieron, y no sabiendo cómo llamar a su padre; éstos están fuera de combate, y tienen sobrada dicha con que no les obliguen a gastar paño de Tarrasa en sus vestidos, con que los dejen desafiarse todos los días a primera sangre, tropezar, pisar, enderezar el lente, pegar con el látigo, insultar y hacer reír a todo el mundo en el Prado...
En una conversación que tuve con el presidente del Gobierno español, Rajoy, al que todos auguraban que nos íbamos a insultar, pero somos ambos muy educados y fundamentalmente racionales y civilizados, nos dimos la mano y yo le pregunté al Presidente cuál era la relación Deuda-PBI, no solamente de sus bancos sino de las caixas, que no son bancos técnicamente pero son instrumentos financieros muy importantes, y me habló de cerca del 90 por ciento del PBI.
Terribles imágenes que el principio del mal, existente en el hombre, eterniza y del cual se encuentran copias cada siglo: bien porque este tipo entra en conversaciones humanas encarnándose en Mirabeau; bien porque se conforma con actuar en silencio como Bonaparte; o de comprimir el mundo en una ironía como el divino Rabelais; o, incluso, se ría de los seres en lugar de insultar a las cosas como el mariscal de Richelieu; o que se burle a la vez de los hombres y de las cosas como el más célebre de nuestros embajadores.