Ejemplos ?
Acaso le fui interesante porque en mi primera juventud fui un desencantado, a quien deleitaban los cantos orgiásticos y las dudas incurables.
Señoras y señores: supuesto que, a juicio de la ciencia, de acuerdo con el sentido común, fuera muy peligroso mover de ese hospitalario lecho a nuestro interesante enfermo y primo hermano mío, don Jorge de Córdoba, me resigno a que continúe perturbando a esta sosegada vivienda hasta que pueda ser trasladado a la mía o a la suya.
La noche siguiente acudieron en mayor número aún, y el domingo se presentaron incluso dos ratas; pero a éstas el cuento no les pareció interesante, lo cual entristeció a los ratoncillos, que desde aquel momento lo tuvieron también en menos.
Alguien lo encontró y lo metió en su bolso, para que tuviera alguna utilidad. «Siempre es interesante ver el mundo -pensó el chelín-, conocer a otras gentes, otras costumbres».
-Como usted es muy conocida en el mundo entero, y hay tanto que se ha comentado sobre su persona, mi revista quiere saber si se podría agregar algo más que aún no se haya dicho sobre su vida; sobretodo aclarar el más interesante dato que intriga a su multitud de admiradores, o, como se dice hoy, sus fans: Su sonrisa.
Nunca necesité más que una sonrisa para ser atrayente y no como… Apresurada corté el desenlace que se adivinaba venir y le agradecí la interesante información dada.
La Reina me dijo sonriendo: —Bradomín, serían muy interesantes tus memorias. Y gruñó la Marquesa de Tor: —Lo más interesante no lo diría.
La primera vez resultó nuevo e interesante, pero luego observó la veleta que se repetían, qué siempre decían lo mismo, y todo acaba por aburrir.
La veleta era eso que solemos llamar abúlica, condición que, de haberla conocido, seguramente la habría hecho interesante a los ojos del pepino.
¡Pero no hay que esperar compasión en este mundo! Mi vida ha sido de veras accidentada e interesante; mas, ¿de qué sirve todo eso si nadie la conoce?
Para remover y dar vida a toda idea fecunda, para adquirir todo género de conocimientos, para mantener y dar pábulo a ese dulce comercio que debe existir entre los hombres que se consagran al estudio, un compatriota, celoso de la ilustración, y que cuento con orgullo entre mis amigos, ha concebido la idea de este establecimiento a que es particularmente llamada la juventud, –esa parte interesante de la República que aún no se ha maniatado con la rutina...
Esa tarea pensábase de seguro, correspondía a la dirigencia y debía quedar librada al buen criterio del Superior Gobierno de Buenos Aires; rasgo interesante, en cuanto demuestra que los orientales no sabían ni querían prepararse por sí mismos para la paz.