Ejemplos ?
Del centro de este cáliz lánguido, inmenso como una sombrilla de geisha, surgía un bastón de plata espolvoreado de carbón y rosa.
Contrariamente al aire fétido y cadavérico que estaba acostumbrado a respirar en los velatorios, un vaho lánguido de esencias orientales, no sé qué aroma de mujer, flotaba suavemente en la tibia atmósfera.
Y es injusto por demás que tengáis, ojos serenos, a los que, de amor ajenos, os aman menos, en mas, y a mí que amo más, en menos. Y es, a la par que mortal, vuestro lánguido desdén ¡tan dulce...
El sol brillaba así próximo al ocaso; y la brisa de la tarde, pasando sobre aquellas juveniles cabezas, traíame los perfumados efluvios de sus guirnaldas. Yo las aspiraba con el lánguido deleite que derrama en la juventud esta florida época del año.
Y como si la luz del sol fuera una barrera separadora, a medida que ella se distanciaba de los campos iban estrechándose cada vez más los contactos entre ambos sexos, hasta el punto de que, apenas insinuado el anochecer, las dos sombras de cada pareja bailarina proyectaban el suelo una sombra sola, compacta y ondulante. En aquellos instantes de lánguido misterio crepuscular, llegaban Carlos, Fernando y Mercedes a la romería.
Pues los hombres, en fin respondía ella. Después añadía rechazándole con un gesto lánguido: Sois todos unos infames. Un día que filosofaban sobre desilusiones terrestres, ella llegó a decir, para poner a prueba sus celos o quizás cediendo a una necesidad de expansión demasiado fuerte, que en otro tiempo, antes de él, ella había amado a alguien, «no como a ti», replicó rápidamente, jurando por su hija «que no había pasado nada».
en vano que tu bella imagen sígueme siempre. Si al alto vuelvo la llorosa vista, en la pureza del etéreo cielo el bello azul de tus modestos ojos lánguido miro.
El pueblo pasa soñoliento y lánguido, arrastrando su cuerpo como un saco de pestes, su cuerpo gastado por la mala alimentación y carcomido de miserias y entre tanto la sombra de Francisco Bilbao llora de vergüenza en un rincón.
Su discurso, aunque brillante, será necesariamente lánguido y frío, como privado que está del fuego de la palabra de Dios(14), y está muy lejos de la virtud que posee el lenguaje divino: «Pues la palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que una espada de dos filos y llega hasta la división del alma y del espíritu»(15).
Sacar un chi-fú-tón del Consejo, una vez que se había instalado en él, era más difícil que sacar la sarna a un perro, las garrapatas a un elefante o la lluvia al cielo azul, en el otoño lánguido.
25 Sodomita de Talo, más suave que de un conejillo el cabello o de un ánsar la medulilla, o lo más bajito de la orejilla, o el pene lánguido de un viejo y el moho arañoso, y tú mismo, Talo, más rapaz que un turbio vendaval cuando una rica caja sus rajas muestra abriéndose, devuélveme el palio a mí mío, que me levantaste, y el sudario játivo y los tapices tinos, inepto, que abiertamente sueles tener como ancestrales.
Por fin, luego de la tentadora seducción provocada por un pastelillo, la mujer lo pudo coger y como no era muy grande, lo levantó entre sus brazos para llevarlo hasta un automóvil. El perrillo como que se dejaba acariciar tembloroso y se entregaba en lánguido abandono a la mujer.