Ejemplos ?
No me da descontento el hábito costoso que de lascivo el pecho noble infama; es mi dulce sustento del campo generoso estas silvestres frutas que derrama; mi regalada cama, de blandas pieles y hojas, que algún rey la envidiara, y de ti, fuente clara, que, bullendo, el arena y agua arrojas, estos cristales puros, sustentos pobres, pero bien seguros.
Para ellos, música el viento Es, si las alas despliega, Si en las secas hojas juega, O entre las flores se pliega Con lascivo movimiento.
En una floresta sombría que el abril pavimentó de colores alegres, donde batiendo lascivo el céfiro las alas sutiles ungidas en aromas índicos...
Las manos, pues, cuyos dedos desta vida fueron dioses, restituyen a Medoro salud nueva, fuerzas dobles, y le entregan, cuando menos, su beldad y un reino en dote, segunda envidia de Marte, primera dicha de Adonis. Corona un lascivo enjambre de cupidillos menores la choza; bien como abejas, hueco tronco de alcornoque.
El insensato se dejó persuadir, y asió en seguida el pulido arco hecho con las astas de un lascivo buco montés, a quien él acechara e hiriera en el pecho cuando saltaba de un peñasco: el animal cayó de espaldas en la roca, y sus cuernos, de dieciséis palmos, fueron ajustados y pulidos por hábil artífice y adornados con anillos de oro.
Fernando, para quien todo atisbo de placer era una luz serena, no fue de los menos atrevidos en aproximación; pero como lo hacía sin jactancia, con el mismo natural impulso del que, acometido por repentina sed, se llega a una fuente para refrescarse el paladar, la muchacha hallose oprimida sin darse cuenta de ello, tan gradual e insensiblemente, que no había un segundo en el cual pudiera decir a su desenfadado conductor: «Ahora es cuando se acerca usted un poco más de lo debido.» Y la avisada rubia le dejaba incrustarse, no por torpe deleite, que lejos de su naturaleza instintivamente delicada estaba siempre toda vulgar sensualidad, sino porque el aparentemente lascivo agrado venía en ayuda de su amoroso cálculo...
Ni yace aquí, a basura reducido, el encanto de amor, la rosa, el oro que en lascivo cabello almas aprisionó con lazo fuerte, y a quien rindieron el cautivo cuello, por antojo de fácil hermosura, la verdad y justicia, avasallando su ínclito decoro de una ramera al imperioso ceño.
Liberalmente de los pescadores Al deseo el estero corresponde, Sin valelle al lascivo ostión el justo Arnés de hueso, donde Lisonja breve al gusto —Mas incentiva— esconde: Contagio original quizá de aquella Que, siempre hija bella De los cristales, una Venera fue su cuna.
Libertad dice llorada el corvo süave luto de unas cejas, cuyos arcos no serenaron diluvios. Luciente cristal lascivo (la tez, digo, de su vulto) vaso era de claveles y de jazmines confusos.
760 El lazo de ambos cuellos entre un lascivo enjambre iba de amores Himeneo añudando, mientras invocan su deidad la alterna de zagalejas cándidas voz tierna 765 y de garzones este acento blando: CORO I «Ven, Himeneo, ven donde te espera, con ojos y sin alas, un Cupido cuyo cabello intonso dulcemente niega el vello que el vulto ha colorido: 770 el vello, flores de su primavera, y rayos el cabello de su frente.
No hay en este acto deseo lascivo ni torpeza camal; la mujer entrega a su marido la esclava para tener hijos; por lo mismo la recibe el marido; ambos pretenden, no el deleite culpable, sino el fruto de la naturaleza; finalmente, cuando la esclava se ensoberbeció contra su señora porque era estéril, como la culpa de este desacato, con la sospecha y celos de mujer, la atribuyese Sara antes a su marido que a otra causa, también aquí mostró Abraham que no fue amador esclavo, sino procreador libre, y que en Agar guardó el honor y decoro a Sara, no satisfaciendo su propio apetito, sino cumpliendo la voluntad de su esposa; que la admitió, y no la pidió; pues la dijo: «Ves ahí a tu esclava, en tu poder está; haz de ella lo que te pareciere.» CAPITULO XXVI.
No al Cíclope atribuye, no, la ofrenda; No a Sátiro lascivo, ni a otro feo Morador de las selvas, cuya rienda El sueño aflija, que aflojó el deseo.