Ejemplos ?
Pero Antón Perales no quiere ser menos que su contrinca, y paga otros ocho cuartillos que se beben con la misma solemnidad que los anteriores, con el mismo ceremonial, pero con mayor locuacidad de parte de los bebedores y con peor pulso de la del escanciador.
La cual no por eso puede lo que la verdad; pues si quisiera, puede también dar muchas más voces que la verdad; si no, considérenlo todo muy bien, y si acaso, mirándolo sin pasión de las partes, les pareciere que es de tal calidad que más pueden echarlo a barato que desbaratarlo con su procaz locuacidad y con su satírica y ridícula liviandad, repórtense y den de mano a sus vaciedades, y quieran más ser antes corregidos por los prudentes que alabados por los imprudentes.
Una vez en ella, se olvidó de lo pasado ante el aspecto de las bolas de marfil, cuyos choques le admiraron como a un niño; y más que las bolas, la locuacidad de un joven de rizadas patillas, gafas y pelo escarolado, que al paso que jugaba carambolas con otro aficionado, era el deleite de los cien curiosos que rodeaban la mesa, sentados sobre duras banquetas, con una profusión de chistes y una procacidad tan verde y desaliñada, que en un cuartel de blanquillos no le hubieran valido menos de un mes de cepo o una carrera de baquetas.
El fraile, a quien el calorcillo del vino prestaba más locuacidad de la precisa, dio gusto a la lengua, desatándola en bellaquerías que su excelencia tomó por frutos de un ingenio esclarecido.
Que en orden a la séptima, ella abre margen al despotismo, fomenta las parcialidades y expone al estado a una disolución general pues que exigiéndose en el diputado la calidad de que haya demostrado de modo indeficiente su fervorosa adhesión a la libertad, lo primero que se presenta es el no saberse en qué se haga consistir esa fervorosa adhesión, si en un firme convencimiento de los principios y justicia en que está solidada la libertad del suelo americano, o un desenfrenado charlatanismo, motivo que funda en el vulgo la opinión de una persona que a proporción de su locuacidad considera mayores o menores grados de esa adhesión y además no se alcanza quién sea el que sea juez de esta litis.
Con carácter tan extraordinario, con fuerzas que le duraron mucho más de lo que comúnmente duran en los hombres, y con la fortuna de no haber asistido a más derrota, que a la de Saxsahuamán en sesenta y cinco años que en Europa y América vivió llevando vida militar, no es extraño que se hayan referido de él cosas fabulosas, ni que sus soldados, considerándole como a un ser sobrenatural, lo llamasen el Demonio de los Andes. Tenía vena, si así puede llamarse, y daba suelta a su locuacidad en cualquiera ocasión.
Cebé mi espíritu con la visión marina, puse en la caserina de mi fantasía los cinco tiros de cinco sonetos, curé mi cansancio, laxé mis nervios, aspiré el yodo, reposé en la arena mórbida; di a tu lenguaje media hora de locuacidad y de recreo, paladée un cocktail, vi las pupilas de los barcos rielar en las oscuras aguas, narré viajes, hablé de lejanos días confortables y volvimos a la capital con los zapatos deslustrados y el alma plácida y transparente.
Todo hace creer que la convalecencia será corta; ¿y quién sabe incluso si, en la primera fiesta del pueblo, no veremos a nuestro buen hombre participar en las danzas báquicas, en medio de un coro de graciosos, demostrando así, a los ojos de todos, por su locuacidad y sus cabriolas, su completa curación?
Si la Fortuna había de hablar, por lo menos hablara no la mujeril, sino la varonil, a fin de que no pareciese que las mismas que habían dedicado la estatua habían también fingido tan gran portento por la locuacidad de las mujeres.
¿Por ventura por este hecho no confirmaron la opinión del Evemero, quien, no con fabulosa locuacidad, sino con exactitud histórica, escribió que todos estos dioses fueron hombres, y hombres mortales?
Para consolarse de sus desgracias presentes, no dejaba de hablar de su antigua belleza y de los triunfos de su juventud, añadiendo así al vacío de ideas la locuacidad ridícula, y la ruina de su carácter de madre a la ruina de su belleza de cortesana.
Eso no fatiga la vista. -No me gustaría, pero, como he dicho antes, no soy exigente. Su locuacidad me animó. Volví a la carga. -Bueno, ¿entonces quisiera viajar por el país como cobrador de comerciantes?