loro


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Sinónimos para loro

loro del Brasil

Sinónimos

Sinónimos para loro

charlatán

Sinónimos

Ejemplos ?
Pero los gatos, lo mismo que el amigo, huyen de las casas donde el hogar no arde. Dos veces tuvo loro, y uno y otro murieron de inanición.
Tenía carita de loro; traje siempre lavado, con el corpiño abierto por detrás; pañuelo de yerbas en la cabeza, anudado bajo la barba a guisa de capota, y alpargatas en chancleta; toda la viejecita muy aseada y correcta, si cabe corrección en la miseria.
Sostuvo incluso una larga dlscusión con el Loro, que terminó poniéndose muy tozudo y sin querer decir otra cosa que «soy más viejo que tú, y tengo que saberlo mejor».
Un becerro grita: ¡Qué mamá bonita! Don Berrendo Toro presume cual loro en esta aventura de gran caradura. Y la animalada aplaude animada porque a los toreros los dejó ya en cueros.
¿Decía usted algo? - ¡Yo no! - se apresuró a responder el Loro. - Pues me lo había parecido -dijo el Ratón-. Continúo. «Edwindo y Morcaro, duques de Mercia y Northumbría, se pusieron a su favor, e incluso Stigandio, el patriótico arzobispo de Canterbury, lo encontró conveniente...» - ¿Encontró qué?
- ¡Qué lástima que no se haya querido quedar! -suspiró el Loro, cuando el Ratón se hubo perdido de vista. Y una vieja Cangreja aprovechó la ocasión para decirle a su hija: - ¡Ah, cariño!
No por eso dejaba de recoger con fruición el aplauso estruendoso, infalible, cuando cacareaba y rebuznaba, y más aún si hacía el loro.
Se hablaba de él en los periódicos, en los corrillos; se esperaba con impaciencia la frasecilla que el loro iba a pronunciar, ronca y burlona, toda erizada de erres mates, a la francesa.
- ¡Y quién es Dina, si se me permite la pregunta? - quiso saber el Loro. Alicia contestó con entusiasmo, porque siempre estaba dispuesta a hablar de su amiga favorita: - Dina es nuestra gata.
Si sabe signarse y santiguarse; si dice oraciones como el loro, es porque Rufina, una arribeña que le cargara de niño, se las enseñó sin explicárselas.
Los saineteros escribían papeles de loro para Cleto, y él abrigaba la convicción de que algunas piezas en peligro las había salvado el loro.
Empaquetado todo el mundo se confunden en el aire los ladridos del perrito, la tos del fraile, el llanto de la criatura; las preguntas del francés, los chillidos del bambino, que arrea los caballos desde la ventanilla, los sollozos de la niña, los juramentos del militar, las palabras enseñadas del loro, y multitud de frases de despedida.