Ejemplos ?
Este volumen contiene una exposición magistral de la teoría de la proporción aplicable a magnitudes conmensurables y inconmensurables.
SEMIÓTICA DEL CHISME Cuando Hitchcock realizó su magistral “ La ventana indiscreta ” y dio pauta a la parodia clavillacesca “ El chismoso de la ventana ”, el estereotipo del mirón-fisgón-metomentodo, con su obsesivo afán de inocular vidas ajenas, marcó uno de sus hitos y arranques para lo que hoy se ha convertido en un filón mercadotécnico de venta y atención distractora, tanto en el negocio literario como en el denominado del espectáculo.
Alberto nos retrató con magistral ligereza á todos en ese soneto; y si algo hay en él exclusivamente suyo es el último verso, por lo culto de la galantería que expresa.
Tales magister dixit sobrevivientes, aún creen que con su atiborrada palabra magistral los alumnos aprenden; imaginan que con sus luminosas y admirables cuasi conferencias de maestros “stars”, logran que los educandos dominen conceptos y procedimientos.
Pero a falta de este recurso, apeló a un zurriago que para los grandes lances estaba colgado en la pared, detrás de la mesa, y se fue con él encima del primer grupo de amotinados que jugaban a la pelota y habían derribado ya con ella el tintero magistral.
La ovación de que en esa noche fue objeto el humilde maestro Alcedo es indescriptible para nuestra pluma. Mejores versos que los de don José de la Torre Ugarte merecía el magistral y solemne himno de Alcedo.
Aparecida su primera edición allá por el más allá de 1958, tuvieron que transcurrir más de quince años, cumplir sus quince como quien dice, para lograr una segunda impresión que no cambia en nada la primera, sino que la fortifica como una obra lírica magistral, realizada en forma de ensayo.
i Ni cómo olvidar á Cristina Bustamante, la hada gentil de rizos cabellos y ojos fascinadores, que tan melódicos trinos arrancaba de su garganta de iruiseñor; á Rosa Mercedes Ri- glos de Orbegoso, la aristocrática dama, cuya pluma nos em- belesaba con escritos de académica corrección; á Rosa Ortiz de Cevallos, la magistral pianista; á Victoria Domínguez, la risueña joven, que cambió en breve su corona de azahares por las amarillentas flores del sepulcro; á Manuelita V.
Ahí el profesor Giordani conoce muy bien el tema, y quería decirle Presidente, con mucho orgullo que el profesor Enrique Dussel la semana pasada estuvo dando una conferencia magistral, una lección magistral en La Sorbona, en Paris, sobre los grandes hombres y movimientos revolucionarios en Latinoamérica.
Segundo palmetazo. A la tercera equivocación se llenaba la medida de la benevolencia magistral. Don Bonifacio echaba chispas por sus ojillos, y de sus labios brotaba esta lacónica y significativa frase: «¡Al rincón!».
Mostró Currito al cantar inspiración tan amorosa y miró con ojos tan de carnero a medio morir a doña Ramona, que estaba sentada cerca de él, que doña Ramona no acertó a dominarse por más tiempo; sintió que se derretía y hasta que se evaporaba el hielo de sus desdenes; y, desechando sus propósitos de resistencia y echando a rodar hasta cierto punto su señoril o magistral recato, dijo dirigiéndose a Currito: -Vamos, hombre, si al fin ha de ser, no quiero molestarte más.
La idea que constituye el fondo, el jugo diremos mejor, de las zanahorias y remolachas, es en sí trivialísima ó mano seada; pero lo magistral de la ejecución, la reviste de mérito y novedad.