malva


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  • sustantivo

Sinónimos para malva

lila

Sinónimos

Ejemplos ?
Cubrieron sus piernas con hojas de malva; pusiéronse corazas de verdes y hermosas acelgas, transformaron hábilmente en escudos unas hojas de col; tomaron a guisa de lanza sendos juncos, largos y punzantes; y cubrieron su cabeza con yelmos que eran conchas de tenues caracoles.
¡Insensatos! No saben hasta qué punto la mitad a veces vale más que el todo, y hasta qué punto son un gran bien la malva y el asfodelo.
Era otra anciana, de papalina también, pero papalina de encaje negro con cintas malva; de rostro que aún conservaba las medio desvanecidas líneas de una hermosura delicada e ideal; de ojos azules, descoloridos como violetas marchitas; de fatigados párpados, como tienen las personas que han llorado mucho; de manos pálidas, prolongadas, divinamente cuidadas, manos de aristócrata y de monja claustral.
IV Es la parda encina y el yelmo de piedra. cuando el sol tramonta, el río despierta. ¡Oh montes lejanos de malva y violeta! En el aire en sombra sólo el río suena.
Si nos tendemos en el muerto lecho, se monta en él para cuidar el nicho y mientras sueña locas noches tersas, tiendo a la luna mi sereno torso. Ella lo besa como madreselva y a mí me besa con miedos de malva.
Sabe usted que le quiero, y que estoy pronta a obedecer a mi papá, casándome con usted. DON BENIGNO ¿No se lo dije a usted? ¡Es como una malva! PAQUITA, tirando de don Diego y al oído de don Carlos.
Despierta, perezosilla: despierta, que viene el alba... Para hacerte una sombrilla cortó Robín esta malva. Deja tu alcoba: el jazmín no en blanco reposo olvides, que te aguarda tu escarpín, tu pequeño no me olvides.
Este pescado, ya seco, se distribuye y comunica por toda la Europa, aunque con varios nombres, pues en unas partes le llaman Bacallao, y en otras Truchuéla. Lat. Affellus. Malva. Cerv.
Son las amapolas, la malva, la hierba buena, la chilanga y achiran las que se tienden al rededor de la querencia campestre, separándola de las crueldades de la selva inclemente.
Sus brazos estaban desnudos hasta los hombros, y de la punta de sus magníficos senos, que alzaban su túnica de un rosa malva, partían dos pliegues que parecían trabajados en el mármol por Fidias o Cleomenes.
Silbando en los desiertos hasta el alba nadie oía su música dispersa ni siquiera una estrella ni una malva ni el insecto nocturno que conversa su lóbrega condena que lo salva de morir en silencio su voz tersa.
Se levantó, haciendo ondular la cola de su graciosamente desmañado traje de interior, de «meteoro» malva, con bordados acachemirados y flequillos de seda floja; y, al dar la espalda a su interlocutor (aquel Francisco Javier Solano con el cual había flirteado tantas veces en tan diversas ocasiones), pudo él notar la plenitud que los treinta y tres años habían prestado a las bellas formas de Irene y el esplendor de su nuca, donde nacían, entre nácares y marfiles, rebeldes rizos cortos, aborrascados, como si un soplo ardiente los encrespase.