Ejemplos ?
a —Procurará entablar relaciones ocultas y mandar emisarios á los pueblos; entablará negociaciones secretas con Goyeneche y otros oficiales enemigos, alimentándolos de esperanzas, pero sin creer jamás sus promesas y sin fiar sino de la fuerza.
Sócrates: Entonces ¿qué entiendes por gobernar a los hombres que se sirven de otros hombres? Alcibíades: Entiendo mandar a hombres que viven juntos bajo las mismas leyes y el mismo gobierno.
Sócrates: El que los atenienses han puesto muchas veces a la cabeza de sus tropas, aunque extranjero; ¿y a Fanostenes de Andros y Heráclides de Clazomenes que nuestra república ha elevado al grado de generales y a los primeros puestos a pesar de ser extranjeros, porque han dado pruebas de su mérito? ¿Y no escogerá para mandar sus ejércitos y no colmará de honores a Ion de Efeso, si le considera digno de ello?
La encontró indeciblemente hermosa, y en el acto quedó enamorado de ella. Era imposible, pensó, que fuese una bruja, capaz de mandar ahorcar o decapitar a los que no adivinaban sus acertijos.
La disimulación en los príncipes es traición honesta contra los traidores. Tenía César para la disimulación tan a su mandar sus ojos, que en la cabeza de Pompeyo los hizo reír con lágrimas.
- ¡No diga eso! Se lo van a llevar a la cárcel, o lo pueden mandar asesinar por accidente; o hacer algún mal. Ya sabe cómo son...
Cada Municipalidad deberá mandar a imprimir por su cuenta los Carnets de Identificación Personal, cuyo original deberá ser legalizado por la Corte de Cuentas de la República y distribuido a través de la Dirección General de Contribuciones Indirectas, con el valor de especie municipal.
Y con tal acento de zumba hubo de decir esto Currito, que exclamó el Matraca con voz dulce y un tanto irónica, dirigiéndose a los amigos del temible progenitor de Toñuela, que sonreían y lo miraban de un modo que estaba pidiendo a voces la bofetada. -Eso de caballero lo ha dicho el señor Curro por mí, señores, y ése soy yo, pa lo que ustedes gusten mandar.
-No, hombre, yo te he llamao pa decirte que tú eres er mozo más chipé der barrio, el más bonito, er más pinturero y er más afortunao con toítas las mujeres; que a la gachí que tú le pongas los puntos ya puée mandar por los Oleos, pues no le vale ni Santa Rita; que, además de los méritos que te dio el divé que es la bandera de tu amparo, tú tiées güenos comportamientos pa con tos los que te estiman, y tiées simpatía y tiées labia y tiées perfil, y tiées güenas ropas y lo único que te jace falta es un remontúa de chipé con una leontina de oro de chipé y en la leontina y como corgantes un sello y dos tumbagas.
¿No opinas que sólo lo que es divino está capacitado para mandar y que lo que es mortal es apropiado para obedecer y ser esclavo?
Pero ¿no convinimos antes que el alma, siendo una armonía, no puede nunca tener más sonido que el de los elementos que la tensan, la sueltan y la agitan, ni sufrir más modificaciones que las de los elementos que la componen, a los que necesariamente tienen que obedecer sin nunca poderles mandar?
Toda aquella populosísima ciudad le vio en un caballo, acompañado de sola su espada, mandar la quietud que otro alguno no pudiera rogar o persuadir.