mazorca


También se encuentra en: Diccionario.
  • sustantivo

Sinónimos para mazorca

panocha

Ejemplos ?
-Ya se ve... Aun no están acostumbradas a la mazorca y tin tin, pero de todas, al fin, me he de reír a carcajadas. Deje nomás que entre Oribe y tome a Montevideo, que hemos de tener bureo como Rosas me lo escribe.
Es una especia de mazorca ó cápsula verde rojiza, en figura de melón, señalados los gajos, y contiene de veinte á treinta granos envueltos en una sustancia blanca y dulce que también se come.
Por regla general, los tiranos no fuman. Si Rosas, el Nerón argentino, hubiera pitado siquiera corbatones, menos tarea habría tenido la sanguina­ ria mazorca.
Entonces tomó las barbas, las brácteas de la mazorca, las arrancó dulcemente, sin coger la mazorca, las arregló como mazorcas en la red; llenó la gran red.
—Es un cajetilla. —Monta en silla como los gringos. —La mazorca con él —¡La tijera! —Es preciso sobarlo. —Trae pistoleras por pintar.
Cuando menos lo pensó Cleto Villa, Perjuicia le metía por debajo de la ruana al Dimitas verdadero, en tanto que, volviéndose al Tullido, le decía con mucho cariño: -No vaya a destapar a Dimitas, que puede darle ceguera con tanto velerío. -Aquí lo tengo empuñao en el rincón -murmuró el pobre loco con transporte, estrechando la mazorca.
—No, no lo degüellen, exclamó de lejos la voz imponente del Juez del Matadero que se acercaba a caballo. —A la casilla con él, a la casilla. Preparen la mazorca y las tijeras. ¡Mueran los salvajes unitarios!
He aquí que se conseguía al fin la sustancia que debía entrar en la carne del hombre construido, del hombre formado: esto fue su sangre: esto se volvió la sangre del hombre: esta mazorca entró en fin por los Procreadores, los Engendradores.
-exclama la señá Vicenta- le está rezando a su Dimitas...". A la madrugada siguiente, cuando la anciana fue a llevarle el desayuno, lo encontró muerto, abrazado a la mazorca.
La mazorca ostenta su sedosa cabellera; la uva se endulza, como apercibiéndose a la vendimia; el higo ya gotea miel; la aceituna se ennegrece y se ablanda; la almendra cae de su encierro, perfumada por las olorosas gomas; el melocotón ofrece, tras la aterciopelada pelusilla, sus ricas carnes; el melón y la sandía convidan con su frescor, en tales términos, que bien puede llamarse el campo, en semejante estación, el festín de los festines.
Fuése a su despensa, hizo bajar una de las turegas de maíz que colgaban de una viga, y luego, con la mejor mazorca y algunos trapajos viejos, formó un muñeco: cátate a Dimitas.
Y vean ustedes si sería patriota y abnegado, cuando no aspiraba a ser dueño de la mazorca, sino a poner en posesión de ella al primer prójimo que le comprobara ser chozno o tataranieto de Atahualpa o de su hermano Huascar.