mecha


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Sinónimos para mecha

aguantar mecha

Sinónimos para mecha

mechón

Sinónimos

Ejemplos ?
La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: 12.21 en su nombre pondrán las naciones su esperanza.
Informar cómo puse orden luego en repartir los arcabuceros en compañías por sí, e los piqueros e gente de caballo, e les hice repartir armas e proveer de pólvora e mecha, e ordené los escuadrones y el artillería donde había de ir cada día, y con esta orden el general Pedro de Hinojosa caminaba con el campo, y el mariscal Alonso de Alvarado e yo caminábamos siempre delante, corriendo el campo, e hacíamos el alojamiento, e con esta orden llegamos al río de Aporima.
Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, e inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agita y rayos mil vomita y muertos por doquier.
Otros disputaban si se había de dar fuego de mecha, o si el fuego o no fuego de Raimundo había de entenderse de la cal, o si de luz efectiva del calor y no de calor efectivo de fuego.
A la hora recorrí las compañías, así de caballo como de pie, y hice la de los arcabuceros por sí y ordené los escuadrones, poniéndolos en aquella orden que era menester y convenía a la jornada, mandándolos proveer de pólvora y mecha y de picas y lanzas e de todas aquellas armas que había, para que se aprovechase cada uno en su tiempo dellas, poniendo el artillería donde había de ir, dándole orden de lo que había de hacer cada día viniendo siempre con el ejército cuando marchaba; el general Pedro de Hinojosa y el mariscal Alonso de Alvara do e yo delante con la gente que me parescía, íbamos corriendo el campo a hacer el alojamiento donde convenía.
En la plaza habían levantado un castillo de fuegos de artificio, con ruedas, coronas y luces de bengala. Ataron en lo alto del centro a Juan Darién, y prendieron la mecha desde un extremo.
Ve luego, ya hecho esto, a aquella parte en que su asiento la Discordia tenga; y dile que eslabón y mecha prenda para que el campo sarraceno encienda; »y entre aquellos más únicos morunos incite tan coléricos accesos que, luchando entre sí, mueran algunos otros heridos sean, otros presos, otros dejen el campo inoportunos, y así no goce el rey de sus sucesos.» No replicó palabra el ángel bueno, antes voló del cielo a nuestro cieno.
Sabe ella la verdad cuánto se aleja mas, por que su dolor no pierda mecha, le calla lo que el mal más cauterice y sólo lo que más le hiera, dice: «Oye --le espetó--, tú que arrogante tanto me agravias con insultos malos, si supieses qué sé de esa tu amante que muerta crees, me harías mil regalos, mas no fuera a decírtelo bastante darme al cuchillo ahora o bien de palos: si me hubieses mostrado más respeto, quizás te habría dicho este secreto.» Como el mastín que con furor se arroja encima del ladrón, se aquieta presto, cuando éste algo de queso o pan le afloja o maña similar que haya compuesto, así de sus desdenes se despoja Zerbín y manso va a saber el resto, cuando le da a entender aquella vieja que sabe de aquel bien por que se queja.
De pronto el Napoleón se encumbró sobre su adversario, y éste, aparragándose, pasó sorteando bajo la cola, y en el descenso del rival se le prendió a la mecha con substancia y prontitud, a la vez que con la pata derecha le escobillaba el ojo izquierdo.
Emocionado acerqué un fósforo a la mecha; una llamita oscura cabrilleteó bajo el sol y de pronto un estampido terrible nos envolvió en una nauseabunda neblina de humo blanco.
Como fue de día, el Mariscal e yo oímos misa e dimos parte al Presidente de lo que se había de hacer, e le dejimos cómo los arcabuceros no tenían mecha, questaban todos dando gritos, y él andaba de vecino en vecino para si tenían colchones de algodón para lo hacer hilar; e así le dejimos que la gente estoviese en sus escuadrones, como se estaba, porque nosotros con los arcabuceros bajábamos a tomar un sitio que la tarde antes habíamos visto, y tomado, avisaríamos luego que bajase el campo, y así bajamos con los dichos arcabuceros y se les tomó el sitio.
Y la superficie de un gran espejo, colocado en la cámara, permitía a los bandidos, verlo en aquella actitud; y la temerosa llama de la mecha que descendía cada vez más bajo la trampa.