medroso

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Sinónimos para medroso

Sinónimos para medroso

achantado

Ejemplos ?
Y pródigo con los pobres, Con sus amigos leal, (57) Piadoso sin finjimiento, Modelo en la sobriedad, Afable en el corregir, Cariñoso en el tratar, El primero en el egemplo Y en virtud el principal, Era el ídolo de Alcántara, Dó el rey no podia enviar Ley que no se consultara Con su recta voluntad. Tal era el buen caballero Que pocos momentos há Tras una medrosa cierva Al Tajo lanzóse audaz.
Volvió a ocultarse en su lecho, y aunque enmudece su lengua, y aunque el aliento recoge bien se conoce que tiembla, y bien se ve que sus ojos no engaña ilusión incierta, porque un ánima medrosa y una vigilancia atenta ruido de pasos cercanos fácilmente apercibieran, y aun sospecharan que alguno subía por la escalera.
Yo desprecio sus furores; y aquí solo, sin señores, de pesadumbres ajeno, oigo el huracán sereno y canto al crujir del trueno mis amores.» «El albor de la mañana, en sus matices de rosa, me trae la imagen graciosa de mi maja sevillana, y en sus variados colores me pinta las lindas flores del suelo donde nací, donde inocente reí, donde primero sentí mis amores.» «Cuando la enemiga bala chilla medrosa a mi oído, ya mi contrario caído el alma rabioso ecsala.
Noche medrosa era, en suma, la elegida por el mozo, aunque él obra sin rebozo, remordimiento ni afán; y atribulada en su celda esperaba Margarita el momento de la cita postrimera de don Juan.
Asida a un brazo desnudo una mano atarazada vino a posar en los autos la seca y hendida palma, y allá en los aires: "¡Sí, juro!" clamó una voz más que humana. Alzó la turba medrosa la vista a la imagen santa… Los labios tenía abiertos y una mano desclavada.
(47) Hendia el raudal rugiente La cierva con fuerza estraña, Y hendia el potro valiente La arrebatada corriente Trás la medrosa alimaña.
Volví a la voz los ojos, casi tan medrosa como ellos, y hablóme un hombre que por las tinieblas no pude divisar más de lo que la llama que le atormentaba me permitía.
La anciana, siempre medrosa e inquieta, después de un instante de observación pasó su delgado cuerpo por entre los alambres de la cerca que limitaba por ese lado los terrenos del establecimiento, y se encaminó en línea recta hacia las habitaciones.
Tendió después su vuelo pausadamente, y al llegar a la orilla de la corriente, sobre la verde alfombra lenta se posa, débil y acobardada, triste y medrosa.
Uno gritó: «La liebre y el jumento. Éste por tardo, aquélla por medrosa, De estorbo servirán, no de otra cosa.» «¿De estorbo? dijo el Rey; yo no lo creo.
Camila, la criatura más medrosa que se ha visto, no tuvo más remedio que ponerse al frente de ellos y hacer arriesgadas excursiones a los pueblos vecinos.
LA MONJA ¡Ay Dios! DON JUAN ¡Eso es! Ya medrosa vais a publicarlo todo y vais... Vaya, ¿tenéis hora en que poder escucharme? Porque es fuerza que persona de la casa me secunde la intención.