Ejemplos ?
Verte pisar conmigo un mismo suelo Alivio un tanto mi melancolía: En los momentos de la noche oscura De mi amargura Supe aliviarme Con acercarme A tu morada.
Llevas en la boca tu melancolía De pureza muerta, y en la dionisiaca Copa de tu viente la araña que te teje El velo infecundo que cubre la entraña Nunca florecida con las vivas rosas, Fruto de los besos.
El César de la pata de palo era un famoso picador de toros, hombre de mucha majeza, amigo de las juergas clásicas con cantadores y aristócratas: En otro tiempo se murmuró que me había sustituido en el corazón de la gentil bailarina: Yo nunca quise averiguarlo porque siempre tuve como un deber de andante caballería, respetar esos pequeños secretos de los corazones femeninos. ¡Con profunda melancolía recordé aquel buen tiempo pasado!
¿Qué tienes paloma mia? Preguntaba el conde un dia A solas á su condesa, ¡Bien sabe Dios que me pesa Mirar tu melancolía! Si tal vez por un descuido, Imprudente ó no advertido, Vida mia, te ofendí, Perdon de hinojos te pido: Sino ¿que te aqueja, dí?
Aislados del mundo y de toda impresión extraña, sin otro fin y otro pensamiento que vernos para volvernos a ver, nuestro amor ascendía, no diré sobrenaturalmente, pero sí con la pasión en que debió abrasarnos nuestro noviazgo, de haberlo conseguido en la otra vida. Comenzamos a sentir ambos una melancolía muy dulce cuando estábamos juntos, y muy triste cuando nos hallábamos separados.
¡Yo, que de joven tanta confianza había merecido y había estado tan seguro y orgulloso de mi valor y de la autenticidad de mi cuño! Me invadió una melancolía tal como sólo un pobre chelín puede sentir cuando nadie lo quiere.
No pudo encontrarse ningún motivo para aquella reserva o melancolía, aunque todos los habitantes de la casa daban muestras de cuando en cuando de un empeoramiento en su estado de salud física y mental.
Suelta a veces repentina E histérica carcajada, Y a veces, con voz airada, Espantosa maldición; Y otras veces dulce y lánguida Melancolía le inspira, Y tristemente suspira Su oprimido corazón.
Margarita, que engañada consintió y necia en la fuga, y salió exhalada al mundo de los deleites en busca, cual mariposa perdida por el aura que perfuman mil flores, entre las cuales vaga errando de una en una, mas que al apoyarse en ellas se estremecen y la asustan, y aturdida y fatigada no osa parar en ninguna. Hoy siente que la atormenta melancolía profunda, y uno tras otro sus días en el pesar se sepultan.
Claro está, señora. Recuerde usted que, según Blanca de Navarra, la melancolía es lo propio de toda alma bien nacida. El caso es que todos hemos esperado una carta de un Rey.
Guillermo Emilio vio esa sombra, y con infinita melancolía se dirigió a la angarilla donde la orquídea negra dejaba caer su picudo cáliz de terciopelo y oro.
Yo lo miraba. Entre una nube de melancolía su corazón como bullente lava a través de su pecho se encendía. Su frente era muy blanca, su mejilla honda, muy honda; sus cabellos canos; de ébano y oro -excelsa maravilla- columpiaba una cítara en sus manos.