miel


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Sinónimos para miel

miel rosada

Sinónimos

Sinónimos para miel

melaza

Sinónimos

Ejemplos ?
Acaso a resina de frutales o de eucaliptus. Y por igual motivo, tenía la densa miel un vago dejo áspero. ¡Mas qué perfume, en cambio!
Nos dicen que, semejantes a las abejas, vuelan aquí y allá por los jardines y vergeles de las musas, y que recogen y extraen de las fuentes de miel los versos que nos cantan.
Hay que cuidarla para que tenga muchos hijitos y no se pierda la colmena Recostada siempre en su almohada de miel está tan aburrida que sólo se complace en ver sus anillos preciosos y cambiarlos a cada rato.
De tu boca, más fresca que aura de río, cae la sonrisa en mi alma como un rocío; tu voz es a mi oído música grata cual de arpa que en la sombra su son dilata; tus palabras del cielo son armonía, los besos de tu boca miel y ambrosía.
Y como los chicos insistían… Había puestos de todo: palomitas, algodones, manzanas rebosadas de miel roja como la sangre y puestos de tiro al blanco que obsequiaban a los tiradores lobos de juguete; murciélagos de mimbre y brujas de cartón.
Entonces la miel asomó, adelgazándose en pesado hilo hasta la lengua del contador. Uno tras otro, los cinco panales se vaciaron así dentro de la boca de Benincasa.
Entre tanto, la sostenida posición de la cabeza en alto lo había mareado un poco. Pesado de miel, quieto y los ojos bien abiertos, Benincasa consideró de nuevo el monte crepuscular.
La corrección —concluyó. Y de pronto la respiración se le cortó en seco, de espanto. —¡Debe ser la miel!... ¡Es venenosa!... ¡Estoy envenenado!
La corrección que merodeaba aún por allí, y las bolsitas de cera, lo iluminaron suficientemente. No es común que la miel silvestre tenga esas propiedades narcóticas o paralizantes, pero se la halla.
Las flores con igual carácter abundan en el trópico, y ya el sabor de la miel denuncia en la mayoría de los casos su condición; tal el dejo a resina de eucaliptus que creyó sentir Benincasa.
48 De miel los ojos tuyos, Juvencio, si alguien me dejara sin parar besarlos, sin parar hasta miles trescientos besaría, ni nunca me parecería que saciado estaría, no si más densa que las áridas aristas fuera de nuestro besar la siembra.
Semejantes a los coribantes, que no danzan sino cuando están fuera de sí mismos, los poetas no están con la sangre fría cuando componen sus preciosas odas, sino que desde el momento en que toman el tono de la armonía y el ritmo, entran en furor, y se ven arrastrados por un entusiasmo igual al de las bacantes, que en sus movimientos y embriaguez sacan de los ríos leche y miel, y cesan de sacarlas en el momento en que cesa su delirio.