Ejemplos ?
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar, y ya no usará nunca más!. Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso mecido por serafines de leve andar musical. "¡Miserable! -me dije-.
¡Lo horrible es sentirse incapaz de contener, no un tren, sino una miserable razón humana que huye con sus válvulas sobrecargadas a todo vapor!
¿Le ha atacado el baile de San Vito? ¿O es que no le gusto? —¡Miserable! —exclamé, conteniendo la respiración—. ¡Tú..., usted..., usted no es más que una vieja bruja!
—dijo al acercársele y darle un billete. —Muchas gracias... —murmuró el miserable enmedio de extraña mirada. —¿Quiere un poco de comida?
Su carne lozana y sus senos de virgen apenas si se movían débilmente, palpitantes. Y el miserable quedó extasiado al ver aquella fresca desnudez.
Pero si ese mismo Dios te dijera: Alcibíades, serás dueño de toda la Europa, pero no extenderás tu dominación sobre el Asia; creo que tú no querrías vivir para alcanzar una dominación tan miserable, ni para nada que no sea llenar el mundo entero con el ruido de tu nombre y de tu poder; y creo también que, excepto Ciro y Xerxes, no hay un hombre a quien quieras conceder la superioridad.
Que fuerza pudo más que tu amor, que me llevaba a la dulce aninomia de tu puerta? ¡Oh miserable vara que nos mides! ¡El Renombre, la Gloria..., pobre cosa pequeña!
Y todos guardaban sumisamente, como domeñados, el momento de llegar a la ventanilla de préstamos para obtener lo que tanto ansiaban, a costa del sacrificio de ver perderse entre el amontonamiento de objetos, lo que tal vez era muy preciado y por lo cual les sería adjudicada alguna miserable cantidad.
El mismo autor nos dice: :::: “Los alguaciles, aves rapantes de pobres, se emplean en estos (los indígenas) con tanta hambre, que no les dejan traste, trapo ni alhajuela vil que no se la lleven con tanta furia, que el miserable indio...
Nadie le respondió. Y sin presentirlo, con la muleta que el miserable llevaba, le asestó un golpe en la cabeza. La bella cayó inconsciente.
Tú la sabes mejor que nadie, y no te dejaré, como otro Proteo, hasta que me hayas instruido; porque si no hubieses tenido un perfecto conocimiento de lo que es santo y de lo que es impío, indudablemente jamás habrías culminado una acusación criminal, ni acusado de homicidio a tu anciano padre, por un miserable colono; y lejos de cometer una impiedad, hubieras temido a los dioses y respetado a los hombres.
Por hacer sus influjos inmortales En las altas montañas se recuestan; Y en sus senos aprestan Los inmensos raudales Que socorren al Chili miserable Y hacen al Marañon tan respetable.