moho


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Sinónimos para moho

Sinónimos para moho

herrumbre

Sinónimos

Ejemplos ?
El pueblo cree a pie juntillas que en ella deben estar escondidas en un subterráneo las fabulosas riquezas de la cacica, y aun en nuestros tiempos se han hecho excavaciones para impedir que las barras de plata se pudran o críen moho en el encierro.
Continuamente se aplicaban a las raíces nuevas variedades de mejunjes fortalecedores, e innumerables recetas, cada una declarada por sus defensores como la mejor y la única preparación adecuada, fueron utilizadas para matar los bichos y quitar el moho.
—¡Oh! Es lo que necesito —me dice—; nunca tendrá demasiado moho para mí. Enséñame, por favor, el hermoso culo —que ha cagado esto.
Entonces se hizo visible que era de hecho un rosal. Los bichos y el moho desaparecieron, y el arbusto se cubrió de las más hermosas rosas rojas, cuya fragancia llenó el mundo.
Un cerrojo, cubierto de moho, prueba que en San Pedro hay una puerta por adorno, por lujo, por fantasía, por chamberinada, como decimos los criollos, y que esa puerta no sirve para lo que han servido todas las puertas desde la del arca de Noé, la más antigua de que hacen mención las historias, hasta la de la jaula de mi loro.
Su forma es indeterminada; su superficie de un moreno negruzco; el interior de un gris ceniciento. Se cubre de moho al aire. Cuando se rompe presenta por el punto de la rotura un aspecto granilloso y áspero al tacto.
La atmósfera con un relente de moho, y allá en el fondo, en el lomo de cuero de los libros, una mancha de sol que se filtraba por el tragaluz.
Los que no se separaron de los divinos consejos de Jesucristo, que por boca de San Mateo nos dice: «No queráis congregar tesoros en la tierra, adonde la polilla y el moho los corrompen, y adonde los ladrones los desentierran y hurtan, sino atesoraos los tesoros en el cielo, adonde no llega el ladrón ni la polilla lo corrompe, porque adonde estuviere vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.» En el tiempo de la tribulación y de las calamidades experimentaron con cuánta discreción obraron en no haber desechado el consejo del Divino Maestro, fidelísimo y segurísimo custodio.
Los médicos no pelechaban, ni los boticarios vendían drogas: no hubo siquiera un dolor de muelas o un sarampioncito vergonzante. A los escribanos les crio moho la pluma, por no tener ni un mal testimonio de que dar fe.
Y ese perfume de otro mundo, del que me embriagaba con perfeccionada sensibilidad, ha sido, ¡ay!, reemplazado por un fétido olor a tabaco mezclado con no sé qué nauseabundo moho.
Déme Dios llevar a buen término esta serie de narraciones, y rompo la tijera para que no críe moho por falta de paño en qué cortar.
Don Ruperto bien se acordó haber comido, algunas veces, algo medio parecido: una especie de cosa dura y quebradiza, que llamaban galleta, amarillenta en el interior, con olor a moho y preguntó si era esto lo que tanto entusiasmo despertaba en el ánimo del piamontés.