mover

(redireccionado de muevas)
También se encuentra en: Diccionario.
  • verbo

Sinónimos para mover

Ejemplos ?
Mirábame seriamente, como si yo estuviera en trance de convertirme en un desconocido para ella. Señalándole una butaca dorada le dije al contrahecho: –Sentáte allí y no te muevas.
Camila ¡Socórreme, Dïana! Albanio ¡No te muevas, que no t’he de soltar; escucha un poco! Camila ¿Quién me dijera, Albanio, tales nuevas?
Perdóname los pecados que he cometido; no hagas venir contra mí los astros en el momento de mi juicio, o la luna cuando vayas a juzgar toda la tierra, puesto que de noche realicé mis malos propósitos; no muevas el sol, que ahora se está oscureciendo por ti, para que pueda manifestar las maldades de mi corazón; ya sabes que no puedo ofrecerte presente alguno por la remisión de mis pecados.
Es decir, ellos están montando nuevas normas, muevas tácticas contra nuestra guerrilla, contra nuestro pueblo y su principal arma, ellos ya lo declararon, es la mentira, su principal voluntad, destruir; su arma auxiliar, su paraguas podríamos decir, elecciones, amnistía, Comisión de Paz.
Encerráronle, y arguyéndole un dia en la prision el cardenal Belarmino, para desaferrarla de su tema: «¿Podéis dudar, querido Galileo (le decia), del movimiento del sol, cuando la Sagrada-Escritura dice terminantemente que Josué le dijo al sol: Sol, no te muevas; y el sol se paró en mitad de su carrera?
y me dijeron no te muevas hasta que se vayan y justamente había habido un casamiento ahí en lo de los vecinos, y los vecinos pensaban de que tantos autos que habían, que eran alrededor de 5, eran por ese casamiento...
¡Si a veces imagino Que aún vuelve a mí la antigua primavera, Que auras del cielo infunden Nuevo y pujante retoñar de vida Al talado vergel de mi esperanza, Y que del alma en el arcano centro, Por bosques frondosísimos de ideas, Torna a mover sus perezosas aguas La fuente del amor y la armonía! ¿Y no te han dicho alguna vez mis ojos Que a compasión te muevas?
El hermano Maseo comenzó a dar vueltas sobre sí mismo; y tantas dio, que cayó varias veces al suelo por el vértigo de la cabeza, que es común en semejante juego; pero como San Francisco no le decía que parase y él quería obedecer puntualmente, volvía a levantarse y seguía dando vueltas. Finalmente, cuando giraba más aprisa, dijo San Francisco. Párate y no te muevas. El se quedó quieto.
Presto será que’l cuerpo, sepultado en un perpetuo mármol, de las ondas podrá de vuestro Tormes ser bañado; y tú, hermoso coro, allá en las hondas aguas metido, podrá ser que al llanto de mi dolor te muevas y respondas.
¡No! tus alas no muevas, oh, pensamiento mío, a do has de hallar el desengaño impío. Vuelve, vuelve a los senos de este ameno recinto; libre gira por ellos, que a lo menos aquí nunca se mira oculta la traición y la mentira.
El pobre hombre temblaba como un azogado, mirándome como un poseído miraría. Intentó levantarse, acaso para huir de mí; no podía. No disponía de sus fuerzas. –¡No, no te muevas! –le ordené. –Es que...
¿No éramos como hermanos de primero? Nemoroso Albanio, compañero, calla agora y duerme aquí algún hora, y no te muevas. Albanio ¿Sabes algunas nuevas de mí?